jueves, 30 de mayo de 2019

Mollejas (cachuelas) de pollo guisadas, en olla WMF


La cocina tradicional se basa, en su mayoría, en productos de la zona, cocinados con pocos ingredientes y con elaboraciones sencillas. Supongo que al no tener, como hoy en día, un fácil acceso a diversidad de materias primas, se cocinaba con aquello que se cultivaba, de ahí la típica base de cebolla, ajo y perejil que suelen llevan muchos guisos, aderezado muchas veces con el vino que se hacía en casa y con las aromáticas que crecían silvestres por la zona (romero, tomillo, etc.). Imagino también que la utilización de pimentón se debe a que éste se usaba para aderezar y conservar los productos de la matanza. Si preguntamos a nuestros mayores por los guisos que se hacían en sus casas, nos daremos cuenta que, según zonas, lógicamente, hay mucha uniformidad en cuanto a elaboraciones e ingredientes y casi siempre con los parámetros indicados.

La receta de hoy es fiel reflejo de lo que digo. Me la dió mi amiga Narci y es como las ha hecho su madre toda la vida. Quedan muy buenas y con esa textura tan propia de las mollejas, también llamadas cachuelas, según la zona (aunque en Extremadura la cachuela creo que es otra cosa) y seguramente tengan más nombres que no conozco.

Supongo que todo el mundo lo sabe, pero por si alguien no, la molleja es el estómago del pollo. Ahora los pollos enteros los venden limpios, pero hasta no hace mucho, se vendían con el corazón, la molleja y el hígado incluidos. La molleja no venía limpia y lógicamente, antes de cocinarla, había que vaciar su interior. Se cortaba por un costado hasta llegar al interior, que siempre estaba lleno de las semillas que había comido el pollo, se daba la vuelta como un calcetín y se le quitaba la piel interior, que es fina, dura y no comestible, que salía muy bien tirando de ella como cuando tiras de la piel de un melocotón, por ejemplo. Si alguien cría pollos para consumo propio o tiene la suerte de poder comprar alguno al criador, sabe de lo que hablo.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.



INGREDIENTES:


1 kgr. de mollejas de pollo

270 gr. de cebolla tierna

2 dientes de ajo grandes

1 ramita de perejil

1 hoja de laurel

8 gr. de pimentón agridulce de La Vera (IGP)

sal y aove



ELABORACIÓN:


Lavar una a una las mollejas, retirando los restos de grasa, suciedad o tejido interno que puedan tener. Dejarlas enteras o partidas a la mitad si son muy grandes. Colocarlas en un escurridor para que pierdan el exceso de agua.

Picar la cebolla en brunoise y reservar.

Pelar los ajos, retirar el germen si lo tuvieran y laminar. Reservar.

Lavar el laurel y el perejil. Picar éste último y reservar ambos.

Poner un fondo de aceite de oliva virgen extra en la olla WMF y calentar. Cuando alcance temperatura, introducir en la olla la cebolla, los ajos, el perejil, el laurel y un poco de sal y pochar a fuego bajo hasta que la cebolla se ponga blanda. Subir el fuego para que tome más temperatura, con cuidado de no quemar la cebolla y añadir las mollejas y sal. Rehogar sin dejar de remover e incorporar el pimentón. Continuar removiendo para rehogar el conjunto por igual. En este punto, las mollejas deberían empezar a soltar agua; si no fuera así, incorporar medio vaso (de los de vino) de agua (no poniendo más porque luego el guiso va a soltar bastante líquido), tapar la olla y llevar a ebullición. Cocer 15 minutos desde que suba la válvula por completo. Apagar el fuego y dejar que pierda toda la presión antes de abrir la olla.

Pinchar una molleja para comprobar el punto de cocción. Si no estuvieran tiernas, cerrar la olla y cocer otros cinco minutos.

La salsa ha de quedar espesa. Si al abrir la olla estuviera demasiado líquida, ponerla al fuego y cocer a fuego fuerte sin tapar para que coja consistencia.

Rectificar de sal y servir.

A comer.


No hay comentarios:

Publicar un comentario