domingo, 30 de junio de 2019

Pollo al limón


Cuando voy a hacer las fotos de los platos que traigo por aquí, me paseo por toda la casa buscando la mejor luz. En verano no es mucho problema porque por la orientación que tiene resulta muy luminosa, lo malo es en invierno que apenas entra sol por las ventanas y con mis nulos conocimientos fotográficos resulta un suplicio hacer las fotos. En ocasiones las hago en la terraza, pero reconozco que me da un poco de vergüenza que me vean los vecinos (que me ven, que lo sé yo) preparando el tenderete y haciendo fotografías, que seguro que piensan “ya está la rarita esta haciendo fotos a la comida”, porque seguro que desconocen que tengo un blog y creerán que tengo unas aficiones un poco extravagantes. Por no hablar del aire, que en una de esas te voltea el mantel sobre la comida, con el consiguiente manchurrón y cabreo por mi parte, que ya me ha pasado varias veces. O como el día que hice las fotos de este pollo, que se llevó por delante casi todo el orégano con el que había espolvoreado el plato. Qué ganitas tengo de aprender fotografía y así olvidarme de luces y aires. El problema es que no tengo tiempo de ponerme a ello, ni una cámara decente, porque la que utilizo es una compacta que tiene trece años y eso en la era digital, es como si fuera de la prehistoria.

El pollo está muy rico, con el toquecito de orégano y limón.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:
 

2 cuartos traseros de pollo

25 ml. de zumo de limón

la piel de medio limón

100 gr. de cebolleta o cebolla tierna

1 diente de ajo

200 ml. de caldo de pollo (hecho con los huesos de los cuartos traseros)

50 ml. de vino blanco seco

harina para sofreír el pollo

1 tsp. de orégano seco y un poco más para espolvorear

colorante alimentario (opcional)

aceite y sal


ELABORACIÓN:


Lavar los cuartos traseros y deshuesar. Disponer los huesos en la olla rápida, cubrir con 500 ml. de agua, colocar la tapadera y cerrar. Llevar a ebullición y cocer 15 minutos contados desde que suba la válvula del todo. Apagar el fuego y dejar que la olla pierda toda la presión antes de abrirla. Abrir la olla, colar el caldo y reservar 200 ml. Congelar el resto para otras preparaciones. Desechar los huesos.

Lavar un limón. Exprimirlo hasta obtener 25 ml. de zumo y rallar la mitad de la piel, evitando la parte blanca. Reservar zumo y ralladura.

Limpiar la cebolleta y cortar en brunoise. Reservar.

Pelar el diente de ajo, eliminar el germen si procede y laminar. Reservar.

Cortar la carne en dados regulares y salar. Disponer una cucharada sopera de harina en una bolsa de plástico no muy grande (las que se venden “para bocadillos” tienen un tamaño muy apropiado), introducir unos trozos de pollo, cerrar dejando una cámara de aire y sacudir para enharinar el pollo; de este forma se evita que la carne tome excesiva harina. Sacar los trozos enharinados a un plato, sacudiéndolos un poquito y proceder de la misma manera con el resto del pollo. Reservar.

Poner a calentar un fondo de aceite en una sartén amplia. Cuando alcance temperatura, sofreír el pollo por tandas hasta dorar ligeramente. Sacarlo a un plato y reservar.

En la misma sartén, añadiendo más aceite si fuera necesario, pochar la cebolleta y el ajo con un poco de sal. Cuando esté todo pochado, incorporar los 200 ml de caldo reservados, la tsp. de orégano, la ralladura y el zumo de limón y el vino blanco. Cocer a fuego fuerte cinco minutos, agregar un poquito de colorante alimentario (opcional), incorporar el pollo y cocer otros diez minutos. Servir espolvoreado con un poco de orégano.

A comer.



martes, 25 de junio de 2019

Ensalada tropical


Qué exótico sonaba cuando yo era cría aquello de ensalada “tropical”, porque ponerle pollo o piña a la ensalada, era lo más. Por entonces, el universo de las ensaladas no era el de hoy en día ni de lejos. Creo que más allá de la ensalada mixta, la de tomate, la de escarola o lechuga y la campera, no había mucho más. Vale que como yo no cocinaba mis conocimientos culinarios eran muy limitados, aunque siempre me gustó leer recetas de cocina, pero no creo que entonces se hicieran en muchas casas ensaladas templadas, pongo por caso.

Así que en cuanto una ensalada llevaba algún ingrediente no vegetal como el pollo o langostinos, aquello pasaba a convertirse en algo muy exótico casi siempre bautizado como tropical, que no sé yo que tendrá que ver el pollo con los trópicos, pero así era la cosa. Lo de la piña si que era exotismo puro, ya que entonces no era una fruta popular como lo es hoy en día, de hecho había poca y era cara. Supongo que fue por esa época que se inventó la piña rellena de marisco, plato muy popular en bodas y banquetes varios y que pese a ser ya un poco viejuno, sigue existiendo en la carta de celebraciones de muchos restaurantes.

Esta ensalada tropical (de mi madre, que no mía), queda muy rica con muy pocos ingredientes. El secreto está en dejar que los filetes de pechuga cojan el sabor del ajo y, muy importante, el añadir a la mayonesa bastantes de éstos una vez fritos, porque será lo que dé personalidad a la ensalada. Y también mezclarla con antelación, porque reciente tiene muy poco sabor, por eso, aunque la presentación en vasitos y por capas puede quedar muy mona, no lo recomiendo, salvo que se presenten con los ingredientes ya mezclados, lo que sin embargo restará vistosidad al plato.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.



INGREDIENTES:


500 gr. de pechuga de pollo

275 gr. de jamón york cortado en un trozo

240 gr. de piña en conserva

4 huevos talla L

4-6 dientes de ajo grandes

150 gr. de mayonesa

leche (opcional)

aceite y sal

lechuga


ELABORACIÓN:


Pelar cuatro dientes de ajo, quitar el germen si lo tuvieran y laminar. Reservar.

Cortar la pechuga en filetes más bien gruesos o pedirle al pollero que lo haga. Disponer una capa de filetes en un plato. Colocar parte de los ajos por toda la superficie. Poner otra capa de filetes y más ajos. Repetir la operación hasta acabar con todos los filetes, debiendo finalizar con ajos. Si no fueran suficientes (dependerá de lo gruesos que se hayan laminado), pelar los dos ajos restantes, quitándoles también el germen y laminándolos. Tapar el plato e introducir en la nevera al menos dos horas.

Llenar con agua una cazuela donde quepan los huevos holgadamente. Añadir un puñado de sal gorda y llevar a ebullición. Lavar los huevos y cuando hierva el agua, incorporarlos con cuidado para que no se rompan y cocer quince minutos desde que vuelva a romper el hervor. Una vez finalizado el tiempo, sacarlos de la cazuela y sumergirlos inmediatamente en un bol grande lleno de agua muy fría o incluso con hielo. Esto ayudará a que se pelen mejor. Dejar que se enfríen completamente dentro del agua.

Escurrir la piña de su jugo y reservar.

Sacar los filetes del frigorífico. Dejar que se atemperen un poco, salarlos y freírlos en una sartén con aceite de girasol u otro de sabor neutro, a fuego medio procurando que no cojan color y sin quitar los ajos. Ir sacándolos a un plato a medida que se fríen. Parte de los ajos se desprenderá de la carne y quedarán en el aceite. Ir sacándolos al plato de la carne antes de que se doren y para evitar que den sabor a ajo frito al aceite. Dejar que los filetes se enfríen completamente. Reservar.

Cortar el jamón de york en dados de un centímetro de lado, como máximo. Reservar.

Cortar la piña en dados del mismo tamaño que el jamón de york. Reservar.

Pelar los huevos y cortarlos también de la misma manera que los anteriores ingredientes. Reservar.

Cuando los filetes estén completamente fríos (se cortarán mejor), quitarle las láminas de ajo que tengan adheridas. Reservar parte de éstas, las correspondientes a dos dientes de ajo, aproximadamente, eligiendo aquellos trozos que no se hayan dorado pero que estén blandos. Desechar el resto.

Una vez fría la carne, ésta habrá soltado aceite y jugo. Reservar este liquido y cortar los filetes en dados de un centímetro de lado, en la medida de lo posible y disponerlos en un recipiente amplio, calculando que han de caber todos los ingredientes. Agregar el jamón de york, la piña y los huevos cocidos.

Machacar con un tenedor hasta que se deshagan, los ajos fritos que se habían reservado. Añadirlos a la mayonesa, así como el aceite y jugo de la carne igualmente reservados. Remover. Tiene que resultar una salsa poco espesa. Si fuera necesario, aligerar con un poco de leche.

Agregar la mayonesa preparada al recipiente donde están el resto de ingredientes. Remover delicadamente, tapar y llevar a la nevera al menos doce horas, mejor de un día para otro.

Antes de servir, rectificar de sal y presentar la ensalada en una fuente rodeada de lechuga lavada y cortada en tiras finas.

A comer.





jueves, 20 de junio de 2019

Carrilleras de cerdo ibérico al chocolate, en olla WMF


Casi siempre comemos asado el día de Navidad, pero estas últimas fiestas quise cambiar un poco el menú y los meses previos anduve buscando algo distinto para ese día. Nunca había hecho un plato salado con chocolate y cuando vi estas carrilleras en  Cocido de Sopa me dije “estas caen”; primero por la novedad de cocinar con chocolate, segundo porque son muy sencillas y tercero y casi lo más importante, porque se pueden (y deben) hacer con antelación. Así que hice una prueba inicial para ver el resultado, porque era incapaz de imaginarme su sabor, y para hacer las adaptaciones que fueran necesarias. Ni que decir tiene que no dije nada del chocolate para no condicionar la respuesta a la pregunta de “¿qué te parecen?”. Y cuando recibí la aprobación de mi pareja (que es el primer “corte” que hay que pasar), tampoco le confesé el ingrediente secreto y eso que sufrí cuando las estaba cocinando y ese día apareció por casa antes de lo habitual, porque la cocina olía muchísimo a chocolate y él tiene un olfato super fino. Pero el caso es que o ese día estaba distraído o no supo identificar el olor y yo claro, no dije ni mu, porque tenían que pasar el segundo “corte” el día de Navidad y no quería ver hociquitos fruncidos antes de tiempo.

Llegado el día, los cuatro adultos que las probaban por primera vez (mi familia es muy pequeñita y nos juntamos pocos) opinaron unánimemente que estaban muy ricas y cuando comprobé que no lo decían por cortesía (sólo había que fijarse el gusto con el que las comían después de una comida bastante copiosa), les confesé que estaban cocinadas con chocolate. Hubo alguna cara de sorpresa pero las opiniones no cambiaron, lo que me alegró enormemente.

Receta altamente recomendable y muy apropiada para ocasiones especiales.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.



INGREDIENTES:


4 carrilleras de cerdo ibérico

150 gr de cebolla

60 gr. de zanahoria

30 gr. de tallo de apio (sin hojas)

1 diente de ajo grande

1/2 tsp. de pimentón agridulce de La Vera (IGP)

1/2 pastilla de caldo de carne

150 ml. de agua

150 ml. de vino blanco seco

20 gr. de chocolate de cobertura (56% de cacao)

aove

sal y pimienta negra recién molida



ELABORACIÓN:


NOTA: Los tiempos de cocción que se indican lo son para una placa vitrocerámica de inducción. En el caso de utilizar otra fuente de calor (eléctrico, gas, halógeno), los tiempos variarán, debiendo ser adaptados. Lo mismo ocurre en caso de utilizar otra olla a presión o una cazuela convencional.

Limpiar las carrilleras de grasas y telillas. Disponerlas en un plato, salpimentar con sal y pimienta negra recién molida y reservar.

Pelar la cebolla, la zanahoria previamente lavada y el diente de ajo. Quitar el germen de éste, si lo tuviera y cortarlo todo en brunoise. Lavar la rama de apio y cortarla de la misma manera. Reservar juntas todas las verduras.

Disponer un fondo de aceite de oliva virgen extra en la olla rápida y calentar. Cuando alcance temperatura, dorar la carne, retirándola a un plato a medida que se haga. Reservar.

Incorporar las verduras a la olla, salar y rehogar a fuego medio-fuerte durante cinco minutos. Añadir el pimentón y rehogarlo, cuidando que no se queme para evitar que amargue e incorporar el vino evaporando el alcohol. Añadir el agua, la media pastilla de caldo desmenuzada y el chocolate y remover hasta que éste se deshaga. Devolver las carrilleras a la olla, cerrarla y llevarla a ebullición a fuego medio-alto (en el número 7 en una placa vitrocerámica con 9 niveles de potencia). En cuanto suban las marcas de la válvula, bajar progresivamente el fuego para que cueza despacio durante 20-25 minutos (según tamaño) manteniendo siempre la presión y procurando utilizar una potencia mínima de fuego, evitando de esta manera que se deshagan las carrilleras.

Transcurrido el tiempo, dejar que la olla pierda presión fuera del fuego.

Una vez que pierda toda la presión, abrir la olla y comprobar el punto de cocción pinchando la carne con una brocheta o aguja gruesa. Poner a cocer otro par de minutos o el tiempo necesario si no estuvieran tiernas.

Sacar la carne a un plato y colar la salsa. Triturar con la batidora de brazo la mitad de las verduras y reservar éstas y la otra mitad sin triturar.

Poner a reducir la salsa (sin verduras) hasta que espese un poco, controlando lo fuerte de sabor que va quedando. Retirar del fuego, agregar las verduras trituradas, remover para homogeneizar y comprobar el punto de espesor. Si la salsa no tiene aún el punto deseado, ponerla nuevamente al fuego hasta conseguir la textura que busquemos.

Añadir las verduras sin triturar y la carne reservadas, calentar el conjunto y servir.

Mejora de un día para otro.

A comer.


sábado, 15 de junio de 2019

Mejillones picantes


Hay guisos que, de hacerlos picantes a no, hay un abismo y es lo que le pasa a estos mejillones, que sin la pimienta de cayena (o guindilla) resultan demasiado insulsos. No hace falta que piquen mucho, con un poquito es suficiente para que tengan “gracia”. Por supuesto que a quien le guste mucho el picante y lo tolere, bien picantitos y con un buen pan para mojar, que no se corte.

Esta receta la preparo bastantes veces con mejillón cocido congelado ya que siempre tengo en el congelador agua de cocerlos y tiene la ventaja de que si quieres hacer medio kilo de mejillones, pongamos por caso, al estar ya cocidos y limpios, medio kilo es medio kilo y no te arriesgas a que como me pasó a mi esta vez que me salieron los mejillones pequeños y malos y los dos kilos frescos se quedaron escasamente en cuatrocientos gramos en limpio, que ya se que tienen mucha pérdida, pero creo que nunca tanta. Y los compré donde siempre, pero esta vez...

¿Sabíais que los mejillones son buenos para el colesterol? O eso dice mi médico, así que, si lo dice él, habrá que hacerle caso y comerlos más a menudo, todo sea por la salud.
 
No se me ha olvidado la sal. Yo no le pongo.
 
Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:

2 kgr. de mejillones frescos

80 gr. de cebolla

1 diente de ajo mediano

1 ramita de perejil

1 pimienta de cayena

1'5 tsp. de pimentón agridulce de La Vera (IGP)

75 ml. de vino blanco seco

200 ml. de agua de cocer los mejillones

1 tbs. de harina

65 gr. de salsa de tomate muy espesa

aceite


ELABORACIÓN:

Lavar bajo el grifo los mejillones para eliminar la suciedad de las cáscaras. Disponerlos en una olla con un dedo de agua y donde quepan ampliamente. Tapar y llevarla a fuego alto. Voltear los mejillones para ir sacando a un plato los de abajo a medida que se abran y cuezan. No cocerlos en exceso ya que se endurecen además de encoger. Cuando la temperatura permita manipularlos, separar los mejillones de las conchas y eliminar éstas. Quitar con cuidado el biso de cada mejillón cortándolo con unas tijeras. Eliminarlo y reservar los mejillones. Colar el agua de cocción (mejor con un colador de tela) y reservar.

En una sartén mediana con un fondo de aceite, pochar la cebolla previamente cortada en brunoise junto con el ajo laminado, al que previamente le habremos quitado la piel y el germen, el perejil lavado y picado menudo y la pimienta de cayena, entera si no queremos que pique mucho o partida si gusta más picante.

Una vez que la cebolla se torne transparente, agregar la harina y rehogarla hasta que se ponga dorada. Añadir el pimentón y rehogar. Incorporar a la sartén el vino blanco, 200 ml. de agua de cocer los mejillones y la salsa de tomate. Cocer a fuego suave diez minutos. No rectificar la densidad de la salsa hasta añadir y cocer los mejillones. Pasados los diez minutos, agregar los mejillones reservados. Cocer otros cinco minutos. Al cocer los mejillones soltarán un poco de agua. Es ahora cuando, si está demasiado espesa nuestro gusto, se rectifica con más agua de cocer los mejillones, añadiéndola poco a poco para evitar sobre cocerlos, porque eso sólo los estropeará.

Congelar el agua sobrante para otras preparaciones.

A comer.





lunes, 10 de junio de 2019

Leche condensada en robot Monsieur Cuisine Plus (MC+)


 
Hoy una receta sencillita, rápida y sin complicaciones.
 
Que además sirve para dar salida a esa leche en polvo que-compraste-para-añadirla-a-los-yogures-pero-qué-demonios-haces-con-lo-que-te-sobra-si-sólo-necesitabas-una-cucharada y para usar el robot Monsieur Cuisine Plus (MC+) que-compraste-con-toda-la-ilusión-y-está-cojiendo-polvo-en-un-rincón.
 
La receta es de Cocinillas: La Gastronomía de El Español. Yo la dejé cocer dos minutos más porque no me parecía lo suficientemente espesa, pero tal vez no era necesario. Queda más blanquita que la comercial pero muy rica, no teniéndole nada que envidiar. Durará menos que la comprada pero la hice hace dos semanas y la que me queda está en buen estado.
 

Evidentemente se puede hacer en Thermomix o en un cazo, al modo tradicional, hirviendo suavemente y no dejando de remover en ningún momento. También se puede hacer con leche líquida normal. En la red hay montones de recetas.
 
Venga, a lavarse las manos y a cocinar.
 


INGREDIENTES:


200 gr. de leche desnatada en polvo

290 gr. de azúcar blanquilla

140 ml. de agua mineral a temperatura ambiente


ELABORACIÓN:


Introducir en el vaso del robot MC+ y por éste orden, la leche condensada, el azúcar y el agua. Colocar la tapadera y programar 13 minutos a 90º centrígrados, velocidad 3 y con el orificio destapado. Pasado el tiempo, volcar el contenido del vaso en el recipiente donde se vaya a guardar la leche condensada y dejar que se enfríe sin tapar. Espesará bastante al enfriar.

Una vez fría, tapar y conservar en el frigorífico.

Utilizar para otras elaboraciones o pecar comiéndosela a cucharadas.

A comer.





miércoles, 5 de junio de 2019

Crema tibia de calabaza al curry


Ahora que ha vuelto el frío (este tiempo está loco y hoy hace un frío que pela), a mí, personalmente, me apetecen cosas calentitas, sobre todo para cenar, en vez de las ensaladas que ya con los calores de estos días pasados eran la reinas de mi casa. Así que he sacado del congelador un paquete de calabaza asada y he preparado este cremita. En casa cultivamos nuestras propias calabazas, de esa que llaman vasca y como encender el horno vale una pasta, cada vez que aso calabaza, meto dos bandejas llenas a la vez en el horno y así rentabilizo el gasto. Luego dejo que pierda todo el agua y la congelo en porciones, que son muy socorridas para elaboraciones como ésta, que si ya tienes asada la calabaza se hace en medio momento.
 
La receta no es mía, sino del blog Rico Sin Azúcar y está realmente buena. Yo la hago bastante y la dejo con textura de crema, en vez de puré como hace Helena. Una lástima que esta chica no publique nada desde hace casi dos años. La verdad que su blog me encantaba, tanto por las recetas como por las entradas, la mayoría de ellas muy divertidas. A ver si se anima y lo retoma.

Hoy no hay tiempo para más. Ya he comentado que la vida no me llega últimamente para todo lo que tengo que hacer y me esperan unos meses por delante muy “completitos”. Pero intentaré por todos los medios no faltar a mi cita con este rincón.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:


* Para una ración


150 gr. de puré de calabaza asada

1/4 tsp. o menos de margarina

1/2 tsp. de curry en polvo

50 ml. de nata para cocinar (18% de materia grasa)

eneldo seco

pimienta negra molida

sal

agua (opcional)



ELABORACIÓN:


Asar primero la calabaza. Como el puré de calabaza asada congela bien, asar más cantidad de la que pide la receta y congelar la que no se use. Así se optimiza el gasto energético del horno.

Lavar la calabaza, cortarla en trozos regulares y disponerla en la bandeja del horno con la piel hacia abajo o hacia arriba, indistintamente. Asar en el horno precalentado a 200º centígrados con calor arriba y abajo durante 45 minutos o hasta que al pinchar un trozo, éste esté blando.

Sacar la bandeja del horno y dejar enfriar. Retirar y desechar la piel y colocar la pulpa en un escurridor para que pierda todo el líquido posible. Yo la suelo dejar escurriendo hasta el día siguiente, pero eso dependerá de la clase de calabaza que se utilice pues no todas tienen el mismo agua.

Triturar la pulpa con la batidora y reservar.

Poner la margarina en un cazo y llevar al fuego. Derretirla y cuando esté caliente, añadir el curry en polvo y un poco de pimienta negra molida (o al gusto) y rehogar. Retirar el cazo del fuego, agregar la nata y mezclar. Llevar el cazo de nuevo al fuego, añadir 150 gr. de puré de calabaza y el agua necesaria para ajustar la densidad de la crema a nuestro gusto. Salar y llevar a ebullición. Cocer un minuto, retirar del fuego, disponer la crema en el recipiente elegido, espolvorear con eneldo seco al gusto y servir.

A comer.




domingo, 2 de junio de 2019

Mermelada de fresas y naranja. Vasitos de crema aireada de coco con mermelada de fresas y naranja.


Últimamente no me cunde nada el tiempo. No sé cómo me las apaño pero ahora con el mismo tiempo de antes hago la mitad de cosas. No sé si será por la monotonía, el calor o la edad pero la vida no me llega para hacer lo que tengo que hacer. Ayer tenía que haber publicado pero me fue completamente imposible. La verdad es que anduve todo el día de cabeza aunque había conseguido dejar un ratito libre para venir por aquí pero los hados se pusieron en contra y un hecho luctuoso vino a dar al traste con mis planes. Por este motivo quiero dedicarle esta entrada a mi amiga M.C. y guardarle uno de estos vasitos para que le ayuden a pasar el momento tan amargo que está viviendo.
 
Cultivar tus propias frutas y hortalizas puede ser muy gratificante, a la par que trabajoso, aunque yo en la huerta hago poco, la verdad, el que la atiende es mi pareja, que es un bendito y muy trabajador, aunque eso no se lo digo, que luego se hincha y no hay quien le tosa (pobre, menos mal que no me lee, que si no, me arranca las tomateras y me lo tendría merecido, porque las cultiva y cuida y no le gustan los tomates).

A lo que iba. Que sí, que muy bonito todo, pero cuando la huerta está en plena producción, te salen sus frutos por las orejas y aunque repartas, siempre sobra. El año pasado los melocotoneros dieron una salvajada de kilos y a pesar de que toda la familia nos hartamos de comerlos y de hacer mermelada y conserva, muchos se estropearon en el suelo, pero es que era imposible consumirlos todos. Yo hice mermelada como para dos años, lo que me vino bien porque este año todos los frutales han florecido muy mal y no sé si darán algo.

Toda esta perorata es para decir que después de repartir, me junté con tres kilos de fresas. Y como no sólo de fresas vive el hombre, ahora que es una gloria ver el frutero con la variedad de fruta que nos trae el buen tiempo, parte de la fresas se fue arrugado en el frigorífico, junto con unas naranjas que quedaron relegadas en un rincón del cajón de la fruta ante la invasión de albaricoques, paraguayas, melocotones y nectarinas que se produce en mi casa cuando empieza la temporada. Hasta que mis frutales empiecen a producir en la segunda mitad del verano, ir a la frutería me pierde, para alegría de mi frutera...

Total, que ¿qué mejor manera de aprovechar la fruta que hacer mermelada?. Las mermeladas son recetas cien por cien aprovechamiento, como las conservas y los escabeches. Así que con las fresas que me quedaban y parte de las tristes naranjas, hice esta mermelada que quedó riquísima. Seguro que no es una combinación original y que Marisa ya la tiene (no lo he comprobado) pero la voy a llevar a 1+/-100, desperdicio 0


porque el destino de aquéllas fresas era una mermelada o la basura, ya que estaban excesivamente maduras. Por esto mismo no lleva mucho azúcar y porque las fresas “de casa” son muchísimo más dulces, sabrosas y sobre todo aromáticas que las compradas. Eso no quita para que siempre salgan algunas que no saben completamente a nada.
 
Como preparar una mermelada para Thermofan me parecía poca cosa y tenía unos yogures próximos a su fecha de caducidad, un resto de nata para cocinar que estaba dando vueltas por el frigorífico y sobre todo un paquete empezado de gelatina en polvo que no se para qué compré porque no me gusta nada trabajar con ella y ya acababa de caducar (lo confieso), preparé estos sencillos vasitos. No llevan azúcar añadido porque para mi gusto la mermelada y los yogures edulcorados ya aportan el azúcar suficiente.

Elegí mal los vasos. Los llené hasta arriba para que no me sobrara nada de crema y ésta resulta desproporcionada respecto de la mermelada. Hubiera quedado mejor en vasos anchos y bajos (y sin llenarlos hasta el borde, por supuesto) para que ambas capas quedaran más compensadas e incluso resultara más fácil de empezar a comer. De los fallos se aprende.

Así que, aunque haya publicado con retraso, lo compenso con dos recetas para


y una entrada más larga que un año sin pan. Bendita la paciencia de quien se la lea hasta el final.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



Mermelada de fresas y naranja



INGREDIENTES:



1.415 gr. de fresas muy maduras (peso en limpio)

425 gr. de azúcar blanquilla (el 30% de peso de la fruta)

140 ml de zumo natural de naranja con pulpa (el 10 % del peso de la fruta)

14 gr. de piel de naranja sin nada de la parte blanca (el 1% del peso de la fruta)



ELABORACIÓN:



Lavar la fresas y escurrir.

Quitar el pedúnculo de las fresas, cortarlas en varios trozos, según tamaño y colocarlas en una cazuela grande y ancha.

Exprimir dos naranjas hasta obtener 140 ml. de zumo. Incorporarlo sin colar a la cazuela de las fresas.

Lavar la piel de naranja, quitarle toda la parte blanca y añadirla a la cazuela junto con el azúcar.

Llevar la olla a ebullición. Cocinar a fuego fuerte 30 minutos contados desde que empiece a cocer a borbotones removiendo para evitar que se pegue.
Apartar del fuego y dejar templar.

Si las fresas hubieran quedado muy enteras y preferimos una mermelada sin tropezones, aplastar con un tenedor o pasarla por el chino. En esta ocasión yo preferí dejarla con los trozos de fruta.

Es una mermelada con poco azúcar, por lo que si no se va a consumir toda, es aconsejable hacer conserva. Para ello, llenar unos frascos pequeños, de 250 ml. de capacidad, dejando un espacio libre de un centímetro y medio hasta el borde. Introducir en una olla a presión, cubrir de agua, cerrar, no poner la válvula y cocer a fuego fuerte 10 minutos desde que empiece a salir el vapor. Apartar del fuego. Esperar cinco minutos para abrir la olla y dejarla semicerrada hasta que el agua no queme al tacto. Sacar los tarros entonces y dejar enfriar completamente.



Vasitos de crema aireada de coco con mermelada de fresa y naranja



INGREDIENTES:



* Para 4 vasitos de 100 ml. de capacidad (llenos hasta el borde)



tbs. de mermelada de fresa y naranja

2 yogures de coco, desnatados y edulcorados, fríos

60 ml. de nata para cocinar (18 % de materia grasa), fría

5 gr. de gelatina en polvo

tsp. de coco rallado



ELABORACIÓN:



Poner la nata fría en un cacito o bol pequeño que se pueda calentar y agregar la gelatina en polvo. Remover para que toda la gelatina quede impregnada de nata y dejar que se hidrate durante 10 o 15 minutos.

Poner el coco rallado en una sartén pequeña sin nada de aceite y tostarlo a fuego medio, removiendo para que se tueste todo por igual. Una vez tostado, volcarlo inmediatamente en un plato (para evitar que el calor residual de la sartén lo siga tostando) y dejar enfriar. Reservar.

Colocar una tbs.  de mermelada de fresas y naranja (preferiblemente con trozos de fruta) en cada vasito e introducir en el frigorífico para que coja cuerpo.

Para disolver la gelatina que ya estará hidratada, vamos a hacerlo al baño María. Para ello, coger un cazo un poco más grande que el recipiente en el que esté la nata con la gelatina y verter en su interior un poco de agua, la suficiente para que NO supere la altura de la base del recipiente de la nata o mejor aún, que no la toque. Colocar el cazo con el agua y con el recipiente de la nata dentro, en el fuego y calentar a fuego fuerte, removiendo continuamente la nata para ayudar a disolver la gelatina y a distribuir la temperatura. Ahora hay que prestar mucha atención a este proceso: en cuanto veamos que el agua va romper a hervir, apartar inmediatamente el cazo del fuego y seguir removiendo la nata hasta que la gelatina se disuelva por completo. Si el agua perdiera temperatura y no se hubiera terminado de disolver la gelatina, volver a llevar el cazo al fuego poniendo siempre especial cuidado en evitar que el agua hierva, porque eso estropearía la gelatina. Una vez disuelta, sacar el recipiente de la nata del cazo y dejar que se enfríe removiendo de vez en cuando.

Abrir los envases de yogur (fríos) y colocar su contenido en un bol. Batir con unas varillas eléctricas a velocidad baja hasta que tengan textura de crema. Agregar la nata enfriada y seguir batiendo aumentando progresivamente la velocidad hasta alcanzar una velocidad media. Batir dos o tres minutos hasta que se vea que la crema ha cogido aire y un poquito de cuerpo.

Sacar los vasitos del frigorífico, distribuir la crema en ellos y llevarlos nuevamente al frigorífico hasta que la crema cuaje, unas dos horas según la marca o hasta el día siguiente.

En el momento de servir, distribuir entre los vasitos el coco rallado y tostado. Consumir fríos.

A comer.