martes, 30 de abril de 2019

Conejo de campo con cerveza Radler y limón


Cuando aún no se anunciaba en televisión la cerveza tipo Radler (exactamente un año antes), compré unos libros en una conocida página de internet. Cuál sería mi sorpresa cuando al abrir el paquete me encontré, junto con los libros, una lata de cerveza Amstel Radler. Sorpresa porque nunca me había pasado ni me ha vuelto a ocurrir. Imagino que fue una estrategia publicitaria de la cervecera en cuestión, pero en mi casa fue muy efectiva, ya que nos hemos vuelto unos grandes aficionados a esta cerveza y siempre tengo en el frigorífico.

Para quien no lo sepa, la cerveza Radler es una cerveza rubia con zumo natural de limón y bajo contenido en alcohol. No hay que confundirla con la cerveza tipo mixta, que lleva refresco de limón y no zumo y en el sabor no tiene nada que ver, por mucho que en bastantes bares se empeñen en que es lo mismo o te cuelen una mixta en vez de una radler. De todas las marcas que he probado, personalmente prefiero la Amstel, que si no estoy confundida fue la primera cervecera que la introdujo en el mercado. Tiene un sabor muy suave a cerveza y a limón, es muy refrescante y no resulta dulce como las que llevan refresco de limón. Vaya por delante que es una opinión puramente personal y nadie me paga para que lo diga. Por si alguien se confunde y piensa otra cosa...

La gracia de este conejo es que sepa a limón. La cantidad de zumo es un poco orientativa ya que dependerá mucho de su acidez, necesitando más o menos cantidad según sea menos o más ácido. A los forofos del limón, les animo que le pongan más cantidad de la que indico y a quien no le guste tanto, mejor que no ponga todo el zumo desde el principio y que lo rectifique al final de la cocción.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:


1 conejo de campo troceado

150 gr. de cebolla

1 diente de ajo grande

33 cl. de cerveza Radler (Amstel en este caso)

30 ml. de zumo de limón

la ralladura de la piel de medio limón

una rama de unos 12 cm. de romero fresco

2 hojas de laurel

sal y AOVE



ELABORACIÓN:


Lavar minuciosamente el conejo y secar con papel de cocina. Trocear, salar y reservar.

Lavar el limón, exprimirlo hasta obtener 30 ml. de zumo, rallar la mitad de la piel del limón y reservar zumo y ralladura.

Lavar las hojas de laurel y el romero y reservar ambos.

Pelar la cebolla y cortarla en cuadros grandes.

Pelar el diente de ajo, retirar el germen si lo tuviera y reservar.

Cubrir el fondo de una cazuela donde quepa ampliamente el conejo, con aceite de oliva virgen extra y poner al fuego. Cuando el aceite esté caliente, freír a fuego medio-alto la cebolla y el ajo, removiendo para que no se agarre. Una vez esté frita la cebolla, incorporar el conejo. Rehogar todas las piezas, cubrir con la cerveza Radler y agregar el laurel, la rama de romero, el zumo de limón y la ralladura. Tapar y cocer a fuego medio entre una hora y media y dos horas, dependiendo del tamaño del conejo y de lo tierna que sea la carne. Rectificar de sal y servir.

A comer.



jueves, 25 de abril de 2019

Bizcocho esponjoso de plátano y almendra


Ya tocaba una dulzanga. Antes hacía muchos más dulces que ahora, sobre todo bizcochos, que en casa es lo que más gusta, pero cada vez hago menos, un poquito por pereza y un “muchito” por no tenerlos a la mano, porque sino, no dejo la ida por la venida y luego me quejo de que no me entran los pantalones. Y es que no lo puedo remediar, soy una golosa empedernida sin fuerza de voluntad. Si es que los dulces me hacen ojitos y cómo voy a ignorarlos...
 
Tenía unos plátanos a punto de pasar a mejor vida y buscando en la red encontré esta receta de Hilmar, de Mis Recetas Favoritas y la verdad que ha resultado un bizcocho rico, no muy dulce y muy tierno. Apenas si le he hecho un par de modificaciones.
 
No tengo un molde cuadrado de 20x20 y lo hice en uno de 18x18 pensando que me cabría y si no llega a ser por el papel de horno que al sobresalir por los lados contuvo la mezcla, se me hubiera desparramado el bizcocho por todo el horno. A puntito estuvo de ocurrir una catástrofe. Menos mal que entre el papel y la temperatura de cocción baja la cosa no acabó en desastre.
 
Venga, a lavarse las manos y a cocinar.
 

INGREDIENTES:


200 gr. de plátano muy maduro (peso sin piel)

3 huevos tamaño L (175 gr., aprox., peso sin cáscara)

150 gr. de azúcar moreno

150 gr. de harina

1/2 tsp. de impulsor químico (tipo Royal)

1/4 tsp. de bicarbonato sódico

1/4 tsp. de sal fina

90 ml. de aceite de girasol

50 gr. de almendra cruda repelada picada groseramente o de almendra granillo

20 gr. de azúcar blanquilla

 

ELABORACIÓN:


Precalentar el horno a 160º C con calor arriba y abajo.
 
Enmantequillar un molde cuadrado de 20x20 cm. (mínimo). Forrar con papel horno y enmantequillar éste.
 
Tamizar la harina, el bicarbonato, el impulsor y la sal y reservar.
 
Cascar los huevos e introducirlos en un bol amplio junto con el azúcar moreno. Batir con las varillas eléctricas a velocidad alta durante ocho minutos hasta que blanqueen los huevos, doblen su volumen y estén muy espumosos y densos.
 
En un plato hondo, aplastar con un tenedor los plátanos (sin piel) hasta reducir a puré. Si no estuvieran tan maduros como para machacarlos con el tenedor, introducirlos en el vaso de la batidora de brazo y triturar con ésta hasta hacerlos puré.
 
Incorporar cuatro cucharadas soperas de la mezcla de huevos al puré de plátano para rebajar su densidad y homogeneizar. Añadir esta mezcla a la de huevos y volver a batir con las varillas eléctricas a velocidad alta durante otros cuatro minutos.
 
Agregar manualmente la mezcla de harina a la de huevos con movimientos suaves y envolventes de abajo a arriba, bien con una lengua o bien con unas varillas grandes manuales y con mucho cuidado para no perder el aire introducido. Cuando esté toda la harina integrada, añadir el aceite en hilo envolviendo la mezcla al mismo tiempo, procurando siempre que no se baje. Una vez integrado, volcar la mezcla en el molde preparado, Distribuir de forma uniforme la almendra picada por toda la superficie del bizcocho y espolvorear homogéneamente con el azúcar blanquilla.
 
Colocar una rejilla en la tercera posición del horno empezando por abajo, desconectar la resistencia superior del horno dejando sólo la inferior, introducir el molde y hornear 43 minutos, comprobando la cocción a los 40 minutos pinchando en el centro del bizcocho con una aguja: si sale seca, ya estaría cocido. En caso contrario, seguir horneando otros tres minutos.
 
Sacar el molde del horno, desmoldar inmediatamente y sin quitar el papel, colocarlo encima de una rejilla para que se enfríe. No quitar el papel de horno hasta que no esté completamente frío.
 
A comer.
 

sábado, 20 de abril de 2019

Ensalada de tomate “exótica”


Ví hace semanas estos bonitos y carísimos tomates en una frutería. No los compré porque no me gusta comprar tomate en invierno, ya que no suelen saber a nada y el precio me tiró para atrás. Pero hete aquí que el otro día los vuelvo a ver (igual de caros o más) y ya no me pude resistir, porque bonitos son un rato. Total, que me fuí a casa con un kilo de tomates y un mango aún más caro que aquéllos (ese día estaba que lo tiraba) pero he de decir en su defensa que seguramente sea de los más ricos que he comido nunca. Y salió esta ensalada. Que la verdad, me da un poquito de vergüenza, porque llamar a esto receta...

Los tomates no están mal. Supongo que en temporada han de estar infinitamente mejores; ya veremos.

Primordial ponerle un buen aceite de oliva virgen extra. El que yo usé es uno de sabor muy fuerte y afrutado que me trajo mi madre de un viaje a Jaén y que tengo como oro en paño. Sólo lo utilizo para las ensaladas y para mí, porque mi pareja no es nada “ensaladero”, menos aún “aceitero” y para nada “tomatero”. Él se lo pierde. Así que las ensaladas me las preparo para mí para cenar, por eso las fotos tienen la luz que tienen.

La llamé exótica porque es lo que me sugirió el plato una vez lo tuve terminado, con ese color del tomate y el coco y el mango. Tengo que buscar coco deshidratado en láminas, porque creo que ha de quedar mejor que con el rallado.

¡Ah...! No se me ha olvidado la sal, es que yo cocino con poca sal y a las ensaladas no se la añado nunca, pero quien quiera, que se la ponga, lógicamente.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:


* Por comensal


1 tomate "Mar Azul" mediano de 190 gr. aprox.

80 gr. de mango

30 gr. de bacalao ahumado, en aceite

12 arándanos rojos deshidratados

33 gr. de queso fresco tipo Burgos desnatado

1/2 tsp. colmada de coco rallado

mezcla de 5 pimientas recién molida

aceite de oliva virgen extra



ELABORACIÓN:


Lavar el tomate y cortarlo en gajos. Disponer los gajos en un plato formando un círculo y ligeramente acaballados.

Cortar el mango, previamente pelado, en cuadraditos regulares y disponerlo en el interior del círculo formado por el tomate.

Cortar el queso fresco primero en láminas y luego con un cortapastas de la forma deseada o bien con una boquilla redonda ancha o con un cuchillo en triángulos. Disponerlo sobre el mango.

Escurrir el bacalao de su aceite, cortarlo en tiras, formar rollitos y colocarlos sobre el mango.

Distribuir los arándanos por encima de la ensalada y regarla con un buen aceite de oliva virgen extra, al gusto.

Espolvorear con la mezcla de 5 pimientas recién ralladas y con el coco rallado.

A comer.








lunes, 15 de abril de 2019

Carrilleras de cerdo ibérico a la canela, en olla WMF


Las carrilleras de cerdo, así como las de ternera, son una pieza de carne a priori dura, que necesita mucho tiempo de cocción, pero que una vez cocida resulta muy tierna, jugosa y melosa. A mí me recuerda un poco, en cuando a la textura, a la carne de morcillo. Hay una gran diferencia entre las carrilleras de cerdo ibérico y las de cerdo blanco, siendo mucho más jugosas, tiernas y sabrosas las primeras que las segundas. Las carrilleras de cerdo de raza duroc están a medio camino entre las de ibérico y las de blanco, pero personalmente prefiero las ibéricas, aunque según en qué zonas son más difíciles de encontrar. Si alguien no las ha probado, le invito a que lo haga y no creo que vuelva a comprar otras. Y conste que si me ponen unas carrilleras de cerdo blanco me las como tan a gusto, pero yo no las compro jamás.
 
La carrillera es el moflete del animal y se trata de una pieza redondeada y ligeramente plana. En la carnicería donde las compro, vienen con una pieza más pequeña unida, como si fuera una carrillera pequeñita, que sin ser un puridad carrillera, si es carne de la cabeza y es igual en textura y sabor, siendo incluso algo más tierna. Es ese trocito pequeño que tienen las carrilleras de las fotos.

Las carrilleras, cocinadas así, quedan realmente muy buenas, a pesar de los poquitos ingredientes que lleva. Es una de mis recetas estrella, las que más veces repito y la que más he pasado a amigas y compañeras de trabajo por lo sencilla y sabrosa que es.

A quien le guste la canela, que no se corte y le ponga un poco más de la que indica la receta. De muerte lenta...

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:


8 carrilleras de cerdo ibérico

100 gr. de cebolla

2 dientes de ajo medianos

12 granos de pimenta negra

1/4 tsp. de canela en polvo

150 ml. de brandy

aceite y sal



ELABORACIÓN:


NOTA: Los tiempos de cocción que se indican lo son para una placa vitrocerámica de inducción. En el caso de utilizar otra fuente de calor (eléctrico, gas, halógeno), los tiempos variarán, debiendo ser adaptados. Lo mismo ocurre en caso de utilizar otra olla a presión o una cazuela convencional.


Cortar la cebolla en cascos. Pelar y quitar el germen a los dientes de ajo. Reservar ambos ingredientes.

Limpiar de posibles grasas las carrilleras, salar y reservar.

Poner a calentar un fondo de aceite en una sartén grande y honda. Cuando alcance una temperatura alta, freír a fuego fuerte las carrilleras para sellarlas. Sacar a medida que estén hechas e ir disponiéndolas en la olla.

Una vez hechas las todas las carrilleras, apartar la sartén del fuego para que pierda un poco de temperatura y añadir los ajos y cebolla reservados, los granos de pimienta negra y la canela en polvo y rehogar el conjunto a fuego medio. Cuando empiece a estar pasada la cebolla, añadir el brandy, dejar que evapore el alcohol y cocer un par de minutos para desglasar la sartén. Incorporar su contenido a la olla, cerrarla y llevarla a ebullición. Cocer de 15 a 18 minutos (según tamaño de las carrilleras) contados desde que suba por completo la válvula. Apagar el fuego y esperar a que la olla pierda toda la presión antes de abrirla.

Pinchar una de las carrilleras con una aguja para comprobar el punto de cocción, volviendo a cerrar la olla y llevándola al fuego otro par de minutos si no estuvieran hechas.

Sacar las carrilleras a una fuente de servir, batir la salsa con la batidora de brazo, incorporar la salsa a la fuente y servir.

Si se desea una salsa un poquito espesa, una vez sacadas las carrilleras de la olla, ponerla a reducir.

Mejoran de un día para otro.

A comer.




miércoles, 10 de abril de 2019

Mejillones al vapor y con vinagreta


Pero qué buenos están unos humildes mejillones. Da igual cómo estén cocinados: al vapor (solos, con limón, con mayonesa y pimentón, con mayonesa y ajo...), en vinagreta, guisados, tigres, en crema... Ricos de cualquier manera, no se nota ni nada que me gustan un montón. Y además suelen tener un precio asequible y están disponibles todo el año.
 
Hace tiempo que no raspo las conchas antes de cocer los mejillones. Simplemente me limito a lavarlos con agua para eliminar posibles impurezas exteriores y es después, cuando ya los tengo cocidos, cuando voy escogiendo las conchas que me van a hacer falta y las raspo con un cuchillo de ser necesario. Así sólo limpio las que realmente voy a necesitar. Tampoco le arranco el biso, que son esos filamentos con los que los mejillones se unen a las rocas porque pienso que es un dolor innecesario que inflijo al animal, que bastante tiene con morir cocido, así que lo corto posteriormente con unas tijeras, con la ventaja que tiene, además, de cortarlo desde la base del pie del molusco sin correr el riesgo de que quede parte al cerrarse la concha o de tirar con tanta fuerza que se arranque parte del animal.

La receta de la vinagreta no tiene mayor complicación. Cortar los ingredientes en la proporción y tamaño deseados y aliñar, añadiendo siempre tanta agua de cocción como sea necesaria para que todas las verduras queden sumergidas en el líquido, proporcionando de esta manera un profundo sabor a mar a la vinagreta. Luego, si el comensal no la quiere con tanto líquido, que la escurra a la hora de ponerla sobre el mejillón.

Y nada de tirar por el fregadero el agua que sobre de cocer los mejillones. En una botellita de plástico con la fecha y el contenido y al congelador, que luego viene muy bien a la hora de cocinar mejillones congelados o para añadirla a una sopa o arroz.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.
 


INGREDIENTES


* Para los mejillones al vapor:
 

Mejillones

Agua

Zumo de limón (optativo)



* Para la vinagreta (ingredientes en cantidades variables, al gusto):


Cebolleta

Pimiento verde

Pimiento rojo

Pepinillos

Ajo

Perejil

Agua de cocer los mejillones

Aceite de oliva virgen extra

Vinagre de Jerez

Sal



ELABORACIÓN


* De los mejillones al vapor:


Lavar los mejillones bajo el grifo y disponerlos en una olla con un dedo de agua y donde quepan ampliamente. Tapar y llevarla a fuego alto. Voltear los mejillones para ir sacando los de abajo a medida que se abran y cuezan. No cocerlos en exceso ya que se endurecen además de encoger. Separar los mejillones de las conchas y reservar éstas (raspando con un cuchillo aquéllas que tuvieran muchos filamentos) y aquéllos. Colar el agua de cocción y reservar para hacer la vinagreta o congelar para otras preparaciones.
 
Disponer un mejillón por cada concha e ir colocándolos en una bandeja. Consumir aún templados rociados con un poco de zumo de limón, si se desea.


* De la vinagreta:
 
 
Picar en cuadraditos menudos la cebolleta pelada y los pimientos lavados y sin pepitas y disponer estos ingredientes en un cuenco o salsera. Añadir pepinillos picados igualmente menudos, un diente de ajo pelado y sin germen y prensado con el prensa ajos y perejil lavado y picado. Agregar agua de la cocción de los mejillones, aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez y un poco de sal. Remover y dejar reposar al menos una hora para que tome sabor. Rectificar de sal, si procede y servir en una salsera para que cada comensal se sirva la que desee, acompañando unos mejillones cocidos al vapor.

A comer.

 
 



 
 
 
 
 























viernes, 5 de abril de 2019

Pollo “colorao”, en olla WMF


Hace tiempo que cocino este pollo. Sé que la original era de una revista, porque la fotocopia ha estado dando vueltas por la cocina varios años, pero ni idea de cuál. Lo que sí recuerdo es que llevaba muchísimo más pimentón, que lo tuve que ir reduciendo porque aunque a mí sí me gustaba, en casa me lo protestaban. Sé que le cambié más cosas y que acabé por tirar la fotocopia porque con tanta anotación ni se parecía ya mucho a la original ni había quién se aclarase, así que no puedo decir de dónde la saqué. Eso me pasa con muchas más recetas que tengo apuntadas, algunas muy bien, en su libretita y ordenadas y limpitas y otras en cualquier trozo de papel (léase ticket de la compra, receta médica y sobre todo, márgenes de periódicos, ya contaré algún día el porqué de esto último), que no sé de dónde salieron porque antes ni se me ocurría apuntar el origen de las recetas. De un tiempo a esta parte sí lo hago, aunque todavía se me escapan las que veo en alguna revista fuera de casa...

Volviendo al pollo, que está muy rico. Es un guiso fuerte de sabor y eso que la nata lo suaviza bastante. Como su sabor se acentúa con el paso de las horas y yo casi siempre cocino de un día para otro, no lo rectifico de sal hasta el día siguiente y casi nunca le añado más porque además cocino con poca sal. Lo que sí hago siempre es desgrasarlo, porque por mucha grasa que le quites al pollo, cuando abres la olla te lo vas a encontrar nadando en grasa y eso no me gusta nada.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:


3 cuartos traseros de pollo

200 gr. de cebolla

90 gr. de salsa de tomate espesa

tsp.  de albahaca seca

185 gr. de pimiento rojo

250 ml. de caldo de pollo o 250 ml. de agua y una pastilla y media de caldo de pollo

tbs. de pimentón agridulde de La Vera (IGP)

50 ml. de nata para cocinar (18% de materia grasa)

sal y aceite

 
ELABORACIÓN:

 
  • Los tiempos de cocción que se indican lo son para una placa vitrocerámica de inducción. En el caso de utilizar otra fuente de calor (eléctrico, gas, halógeno), los tiempos variarán, debiendo ser adaptados.
 
Lavar el pimiento y cortarlo en cuadrados medianos. Pelar y cortar la cebolla en brunoise. Reservar ambos ingredientes.
 
Lavar el pollo y secarlo con papel de cocina. Poner a calentar un fondo de aceite en una sartén amplia y cuando alcance temperatura, dorar en ella los cuartos traseros. Una vez dorado, sacar el pollo y ponerlo en la olla. Reservar.
 
Añadir más aceite a la sartén, si hiciera falta y pochar la cebolla con un poco de sal. Cuando esté hecha, agregar el pimentón y rehogar, cuidando que no se queme porque sino amargará. Incorporar el agua y las pastillas de caldo desmenuzadas (o el caldo de pollo). Añadir también el pimiento rojo, la albahaca y la salsa de tomate y un poco de sal. Remover, dejar que de un hervor para recoger los jugos e incorporar el contenido de la sartén a la olla. Colocar la tapadera en la olla y cerrarla. Cocer 12 minutos contados desde que suba la válvula del todo. Apagar el fuego y dejar que la olla pierda toda la presión antes de abrirla.
 
Abrir la olla y desgrasar la salsa. Dejar que se temple y agregar la nata. Devolver la olla al fuego, llevar a ebullición y cocer suavemente durante 5 minutos. Rectificar de sal, si procede y servir.
 
Mejora de un día para otro.
 
A comer.




lunes, 1 de abril de 2019

Tartaletas rápidas de carrilleras de ternera


Segunda entrega de las sobras de la cena de las fiestas. Congelé la mayoría de las carrilleras que sobraron y reservé un poco de carne para hacer unas tartaletas rápidas. Hacía un siglo que no cocinaba tartaletas de este tipo. La verdad que con las obleas de empanadilla es un plato que apenas da trabajo y junto con una ensalada resultan una cena muy apañada. Las suelo hacer con otros ingredientes, siempre cosas que sean de picar, mezclar y al horno, por eso las llamo “rápidas”, porque si tengo que cocinar previamente el relleno, prefiero ya que estoy liarme un poco más y hacer una tarta salada, que me arregla el primer plato de uno o dos días y en casa nos encantan.
 
Hice una primera versión que aunque quedó buena, me resultaba un poco “sosilla”, así que las repetí añadiendo los pistachos, que son también unas sobras de la cena y las pasas, que le aportan un toque dulce que a mí particularmente me gusta mucho. Para macerarlas siempre uso vino Málaga Virgen y el que me sobra, lo guardo en un tarro de cristal y lo reutilizo para hidratar las siguientes pasas que utilice. Aquí no se tira nada, así que la receta va de cabeza a...
 

Tenía una tercera entrega para participar en el proyecto de Marisa, un bizcocho de cuajada casera de leche de oveja, pero voló antes de que pudiera hacerle una foto decente. Si consigo la cuajada (ésta me la regalaron y como era mucha, sobró), ya traeré el bizcocho por aquí.
 
Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



INGREDIENTES:


6 obleas de empanadillas de 10 cm. aprox. de diámetro

95 gr. de carne de carrilleras de ternera guisadas

16 gr. de queso fresco de cabra en rulo (sin corteza)

1 huevo tamaño L

10 gr. de tomate seco

50 ml. de leche desnatada

15 ml. de la salsa del guiso de las carrilleras

12 pistachos tostados con sal

18 uvas pasas sultanas

15 ml. de vino Málaga Virgen o Pedro Ximénez

margarina o mantequilla para el molde

sal


  • Y además:

  • papel de horno
  • molde de magdalenas de seis cavidades



ELABORACIÓN:


Templar la leche e introducir el tomate seco. Hidratar durante al menos 20 minutos. Reservar.

Sumergir las pasas en el vino dulce y reservar.

Precalentar el horno a 200º C con calor arriba y abajo.

Enmantequillar las cavidades del molde. Cortar seis tiras de papel de horno de 2-3 cm. de ancho y 14-15 cm. de largo, aproximadamente. Colocar una tira de papel en cada cavidad de manera que sobresalgan un poco por ambos lados y volver a enmantequillar.

Quitar el papel de una de las obleas de empanadilla y adaptarla delicadamente en una de las cavidades del molde, procurando que no quede ninguna bolsa de aire. Yo me ayudo de una mano de almirez.

Proceder del mismo modo con el resto de las obleas y reservar. Si hiciera mucho calor, tapar con una tela limpia de algodón.

Quitar la cáscara de madera de los pistachos y la piel que los recubre. Picar groseramente con un cuchillo afilado y reservar.

Deshilachar la carne en trozos pequeños e irregulares y reservar.

Trocear el queso en seis porciones iguales. Formar con cada porción una bola, aplastarla ligeramente y poner una en el fondo de cada tartaleta.

Sacar el tomate de la leche y escurrir, recogiendo la leche que suelte. Reservar toda la leche.

Picar el tomate seco ya hidratado en trocitos y mezclar con la carne y los pistachos. Escurrir las pasas del vino (guardar el vino para hacer un bizcocho o para hidratar otras frutas), cortarlas a la mitad si fueran grandes y añadir a la mezcla anterior. Repartir esta mezcla entre las seis tartaletas.

Cascar el huevo en un plato hondo. Salar y batir como para tortilla. Añadir la leche reservada en la que se hidrató el tomate y la salsa del guiso de las carrilleras y mezclar. Distribuir entre las tartaletas.

Introducir el molde de las tartaletas en el horno, colocando la rejilla del horno en la segunda posición empezando por abajo. Bajar la temperatura a 180º C, conectar el ventilador y hornear 17 minutos o hasta que se doren y al pinchar en el centro con una aguja, ésta salga seca.

Sacar el molde del horno y colocar en una rejilla para que se temple. Pasados cinco minutos, sacar las tartaletas con la ayuda de las tiras de papel y sin quitarlas, colocarlas en la rejilla para que se enfríen.

Consumir templadas o frías.

A comer.