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lunes, 8 de agosto de 2022

Salsa de frutos rojos para postres, en Monsieur Cuisine Plus (MC+)

Mientras la gran mayoría de los españoles se remoja en playas y piscinas disfrutando de sus vacaciones y el resto sobrellevamos la calma chicha en la que se desarrollan nuestras jornadas laborales (salvo hostelería y restauración, que ahora tienen un trabajazo impresionante), va pasando el verano. Un verano muy animado, por cierto, pues hay gente por todos los sitios, da igual que sean destinos vacacionales que no, hay gente por todos los rincones y a todas horas, cómo se nota que hay ganas de fiesta, de estar en la calle, de ver a la familia, de reencontrarse con los amigos, de vivir. Me río yo de la cuesta de septiembre de este año, (que esa sí es “cuesta”, no la de enero), aunque bien mirado, seguro que va a merecer la pena, pues como se suele decir “que nos quiten lo bailao” y este verano se está bailando y mucho y no me refiero a los bailes de las verbenas, que también están a tope. Ahora nos preocuparemos de la tan anunciada escasez de hielo, que a ver cómo preparamos las jarras de tinto de verano sin toneladas de cubitos, de esos comprados, tan grandes que tardan en deshacerse sin aguar la bebida y es que yo ni siquiera tengo cubiteras ni bolsas para hacerlos en casa. ¡Vaya!, me voy corriendo al chino a pelearme con algún cliente por la última bandeja para hacer hielo.

Y mientras cojo la cartera y salgo pitando, os dejo con esta salsa de frutos rojos, perfecta para postres muy dulces, pues el punto ácido de la fruta se refuerza con el de el limón, resultando una salsa dulce y ácida a la vez que como ya os digo, le va genial a los postres muy dulces, anima las siempre ricas pero a veces un poco insípidas tartas de queso y encantará a los poco golosos.

Es una salsa fácil de hacer que en el robot MC+ no os dará trabajo. El azúcar gelificante ayuda a espesar la salsa reduciendo el tiempo de cocción y es muy práctico para la elaboración de siropes y mermeladas hechos en el robot pues la evaporación es muchísimo menor que si se hacen de forma tradicional y para conseguir el mismo punto de espesor necesitan más tiempo de cocción que en una cazuela.

La salsa queda algo menos densa que un sirope comercial. Ajustad su espesor según vuestros gustos, tiendo en cuenta que al enfriarse resultará un poco más espesa que estando caliente.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

Todos los pesos en limpio

500 gr. de cerezas deshuesadas (800-900 gr., peso con hueso y según tamaño, aprox.)

300 gr. de fresas

200 gr. de grosellas rojas

30 ml. de zumo de limón

300 gr. de azúcar gelificante para mermeladas (he utilizado Sidul)

ELABORACIÓN:

Lavar y escurrir toda la fruta. Quitar los rabillos de las cerezas y deshuesar, eliminar los tallos de fresas y grosellas, partir en dos o tres trozos las primeras y dejar enteras las segundas. Introducir toda la fruta en el vaso del MC+, así como el azúcar gelificante y el zumo de limón.

Cerrar el vaso, dejando el orificio destapado y programar 15 minutos, 110º C, velocidad 1, subiendo a velocidad 2 pasados los cinco primeros minutos.

Colocar el cestillo invertido sobre el orificio de la tapadera para evitar salpicaduras y programar otros 15 minutos, 110 º C, velocidad 2.

Sacar el vaso del robot y dejar templar el contenido, destapado. Una vez templado, volver a colocar el vaso en su posición, tapar y pulsar la tecla turbo hasta conseguir una salsa fina y homogénea.

Pasar la salsa por un colador de malla fina para eliminar las semillas. Dejar enfriar completamente y conservar refrigerada en un recipiente hermético.

Espesará ligeramente al enfriar.

A comer.

viernes, 29 de julio de 2022

Salsa de cerezas para carnes, en Monsieur Cuisine Plus (MC+)

Reincorporada ya a la rutina de la vida laboral, poco a poco toca retomar el resto de rutinas, incluida la del blog. Cuesta, la verdad, sentarse al ordenador en estas perezosas y calurosísimas tardes de verano a estrujarse la mollera redactando entradas y más sabiendo que al otro lado hay cada día más gente en modo vacaciones que sólo se conecta a internet para buscar el restaurante más cercano y poco más. Al menos eso es lo que yo hago cada vez más en vacaciones, desconexión casi total, tanto que ya ni solicito la clave wi-fi del establecimiento en el que me hospedo, que el pobre móvil también necesita un descanso y lo único para lo que trabaja es para eso, buscar un restaurante, un horario de visitas o una carretera por la que perderse, a veces a propósito y otras no tanto y para hacer montones de fotografías, en ese afán de llevarse a casa un pedacito de lo que hemos visto casi más que para recordar dónde hemos estado.

También me está costando volver a cocinar, ni me apetece ponerme delante de los fogones ni encuentro inspiración para llevar un plato nuevo a la mesa. Ojeo perezosamente libros, revistas y archivos de recetas y nada atrae mi atención, tan sólo pienso en lo largo que se me va a hacer todo el verano trabajando sabiendo que ya disfruté de las vacaciones que, ya sé que es un topicazo, no me han sabido a nada y me han dejado con más ganas que otra cosa. Me consolaré programando, sine die, una escapada de fin de semana, que de ilusión también se vive.

Y mientras pienso a qué playa cercana podemos irnos un par de días, os dejo con esta receta de salsa de cerezas para carnes que está tremenda y que he cocinado en el robot Monsieur Cuisine Plus pero que se puede hacer igualmente en un cazo al fuego, como toda la vida. Tengo el MC+ realmente infrautilizado y la verdad que me repatea un poco tener tanto trasto “cocineril” casi sin usar y uno de los propósitos que me he hecho es sacarles más partido que para eso los compré y no sólo para quitarles el polvo. A ver si me hago caso...

Es una receta sin complicaciones, en la que lo más tedioso es quitarles el hueso a las cerezas, pero siempre podéis solicitar la ayuda de algún voluntario, preferiblemente que no sea un devorador de cerezas como uno que conozco yo, que comía más de las que echaba a la fuente. No sé deciros cuántas cerezas os hacen falta, pues he usado las de un árbol de casa que este año se han quedado muy delgadas y tenían mucho tito y poca carne, pero por otras recetas que he hecho harán falta 900-1.000 gr. de cerezas con hueso para obtener los 600 gr. limpios que hacen falta. Tampoco puedo deciros cuánta salsa sale, sé que la medí pero se me olvidó anotarlo.

Aunque veáis el Tabasco en la lista de ingredientes, no es una salsa picante. La función del Tabasco es contrarrestar y equilibrar el sabor dulce de la fruta, pero no anularlo. Aunque si preferís que pique, sois libres de ponerle el frasco entero, que no quiero que nadie me llame mandona...

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

600 gr. de cerezas maduras firmes, deshuesadas

100 gr. de cebolla cortada en plumas finas

la punta de un cuchillo romo (generosa) de clavo de olor molido

1/8 tsp de canela molida

50 ml. de vino blanco verdejo D.O. Rueda

25 ml. de AOVE

25 gr. de mantequilla con sal

1 tsp de salsa Worcertershire

salsa Tabasco

sal

ELABORACIÓN:

Disponer en el vaso del MC+ la cebolla, la mantequilla y el aceite de oliva virgen extra. Cerrar, colocar el cubilete y programar 15 minutos, velocidad 1, 80º C.

Agregar las cerezas deshuesadas y con el cubilete puesto, programar 15 minutos, velocidad 1, 110º C.

Incorporar al vaso la canela, el clavo, la salsa Worcertershire y el vino blanco verdejo y programar, sin el cubilete puesto, 10 minutos, velocidad 2, 110º C, poniendo el cestillo del revés sobre el orificio de la tapadera para evitar salpicaduras.

Sacar el vaso del robot y dejar templar el contenido, destapado. Una vez templado, volver a colocar el vaso en su posición, tapar y pulsar la tecla turbo hasta conseguir una salsa fina y homogénea. Añadir salsa Tabasco hasta contrarrestar el sabor dulce de las cerezas, no tiene que resultar picante, sino equilibrado; yo le he puesto dieciocho gotas de Tabasco. Rectificar de sal, dejar enfriar completamente y conservar refrigerada en un recipiente hermético.

Servir templada con chuletas de cordero a la brasa, costillas de cerdo asadas o pechuga de pollo a la plancha.

A comer.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Salsa de champiñones y queso, en robot Monsieur Cuisine Plus (MC+)

Ando yo un poco tarde este año elaborando el menú del día de navidad. Otros años, a estas alturas, ya llevaba más de un mes seleccionando y probando recetas, porque entre intolerancias y alergias alimenticias, gustos personales y la búsqueda de platos un poco más esmerados o especiales de lo habitual, yo, al menos, no organizo el menú en una tarde y si a eso le sumamos que estoy pasando por una época de inspiración cero, incluso para las comidas de diario, apaga y vámonos. De verdad que no sé como lo hacen en esas casas donde se juntan 15, 20 o más comensales esos días; a lo mejor es que me complico mucho o me exijo demasiado porque no me satisface poner “cualquier cosa”, que es lo que te dicen en cuanto pides que te echen una mano con la inspiración o te sugieren unos huevos fritos con patatas, que todos los años siempre hay alguien que lo dice, pero que luego, cuando los ofrezco para cenar ese día, nadie quiere, porque lo único que apetece es cenar una ensalada, una sopita o nada, directamente, que sí gastaremos mucho en las comidas y cenas de los días claves, pero el resto casi ni comemos o muy frugalmente, así que, económicamente, se compensa el dispendio con el ahorro. Y es que ya lo he dicho muchas veces, cada día comemos menos, mucho menos en realidad y en mi familia, que siempre hemos tenidos todos muy buen “saque”, es un claro síntoma de que nos vamos haciendo mayores y el escaso relevo generacional es aún muy joven para que coja el testigo.

Sin embargo, aunque comamos menos cantidad, no por ello deja de haber mucha menos variedad y aunque el plato principal lo tengo medio hilvanado ya que va a ser pescado, sí o sí, los entrantes son los que me traen por la calle de la amargura, que por hacerlo diferente este año, no van a ir emplatados individualmente, sino todos al centro de la mesa y que cada uno se sirva lo que quiera, pero al paso que voy, en el centro de la mesa va a haber bandejas vacías. Se nos va a quedar un tipo...

Lo único que este año voy a repetir, cosa que nunca hago pero se lo prometí a mi sobrina, es el sorbete de mandarina. Mi preciosa lo tomó con siete años y le impresionó de tal manera que a mitad de la comida se sirviera algo frío y ligeramente dulce, que se pasó todo el año diciendo que quería que volviera a ser navidad para venir a mi casa a comer el sorbete. Menudo disgusto se llevó la pobre cuando el año pasado no pudimos celebrar todos juntos ese día, se quedaba sin sorbete y se la notaba tan disgustada que le prometí que la siguiente vez que viniera al pueblo, se lo haría. No cumplí mi promesa porque no vino hasta este verano, que no era época de mandarinas, pero estoy deseando ver su cara cuando saque el sorbete el día de navidad.

Mientras sigo dándole vueltas a la cabeza pensando con qué entrantes me lío para la comida de navidad, os dejo una receta sencillísima y muy rica, una salsita de champiñones y queso que está para ponerle un piso. Va bien con todo, con pasta, con solomillo (cerdo, ternera o pavo, indistintamente), con pechuga de pollo o con pescado blanco, quedan unos platos deliciosos. Con las cantidades que indico, sale una salsa de textura semi espesa perfecta para pasta. Para acompañar carnes o pescados queda mejor más densa; en ese caso, sólo se utilizarían 150-200 ml. de leche, según el gusto personal. También se puede sustituir la leche por caldo de pollo o vegetal y tendréis una riquísima crema de setas. Y es que está tan buena, que se come a cucharadas.

Congela muy bien, por lo que hago bastante cantidad y la congelo en porciones de 200 ml., que es la cantidad perfecta para dos raciones de pasta.

Antes de dejaros con la receta, se admiten sugerencias para el menú de navidad. ¡Que no sean huevos fritos con patatas, por favor!.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

*Para unos 600 ml. de salsa, aproximadamente. Todos los pesos en limpio

140 gr. de champiñones portobello

140 gr. de champiñones blancos

75 gr. de cebolla

15 ml. de salsa Worcestershire (salsa inglesa)

la punta de un cuchillo romo de pimienta blanca molida

la punta de un cuchillo romo de sal rosa del Himalaya

100 gr. de queso fresco de untar (tipo Philadelphia) bajo en grasa, a temperatura ambiente

300 ml. de leche desnatada, a temperatura ambiente

20 ml. de AOVE

ELABORACIÓN:

Eliminar la base terrosa de los champiñones, limpiar con un cepillo suave o con un papel de cocina, cortar en cuartos y reservar.

Pelar la cebolla y cortarla en 2-3 trozos. Introducirlos en vaso del MC+, colocar la tapadera con el orificio tapado y picar 10 segundos, velocidad 6. Bajar los restos, añadir el aceite de oliva virgen extra, tapar y cocinar con el cubilete puesto, 8 minutos a 80º C, velocidad 1.

Añadir al vaso los champiñones picados, la sal rosa, la pimienta blanca y la salsa Worcestershire. Cocinar tapado 15 minutos, velocidad 1, 90º C, marcha atrás.

Incorporar al vaso la leche y el queso, bajar los restos con la espátula y cocinar tapado, 5 minutos, velocidad 1, 90º C, marcha atrás.

Triturar el contenido del vaso durante 30 segundos a velocidad 10. Debe quedar una textura fina y homogénea. Utilizar caliente.

A comer.

martes, 1 de junio de 2021

Crema fría de espárragos verdes y calabacín, en robot Monsieur Cuisine Plus (MC+)

Aunque hoy en día los espárragos verdes frescos se encuentran en el mercado todo el año, su temporada ya está finalizando, al menos en esta zona y no quería que se acabara sin traer alguna receta al blog, así que aquí estoy con esta sencillita y suave crema ideal para consumir fría o a temperatura ambiente. Para los poco amantes de los espárragos, decir que su sabor es muy sutil y seguramente en el caso de utilizar espárragos de invernadero, casi ni se apreciará, al ser más suaves. Como los espárragos se van a triturar, es una receta ideal para aprovechar los tallos más duros, reservando las puntas, mucho más tiernas, para cocinarlas al vapor, que es, en mi opinión, como más ricos están los espárragos, tanto verdes como blancos.

Para hacer esta crema, he utilizado los tallos de un montón de espárragos de distintos grosores, mayormente finos, que recogí en la huerta y que debido a que las temperaturas, sobre todo las nocturnas, no han acompañado, han tardado más días de los deseables en crecer, en perjuicio de su ternura, pues el espárrago, para que sea fino y tierno, además de otras condiciones, necesita temperaturas cálidas de día y no demasiado frías de noche. Algo que este año no ha podido ser, con lo que apenas hemos podido disfrutar de los espléndidos espárragos que se cultivan por estos lares. En fin, habrá que esperar al año que viene para disfrutarlos hasta hartarse.

También utilicé para la crema el agua de cocer las puntas de los espárragos, pero se puede sustituir perfectamente por caldo de verduras o en su defecto, agua, aunque con caldo queda más sabrosa.

Al tratarse de una receta de aprovechamiento, es mi aportación del mes de junio al proyecto de Marisa, 1+/-100, desperdicio 0

que promueve la reducción del desperdicio en la cocina y el aprovechamiento de las sobras y la reutilización y reciclaje en general.

Después de una ausencia obligada, espero volver a retomar el ritmo habitual de publicaciones. La verdad que he pasado unas semanas complicadas, con mucho estrés y sin tiempo para nada, tanto que no he podido cocinar nada para el blog y aunque lógicamente no hemos dejado de comer, también es cierto que he entrado en la cocina lo mínimo y no os voy a decir que nos hemos alimentado sólo de ensaladas y filetes, pero casi.

Lo peor del parón, es que ahora no estoy nada inspirada y reconozco que me ha costado muchísimo trabajo volver, pues de hecho hace ya una semana que podía haberlo hecho, pero he acabado tan super saturada de ordenador, que sólo me he acercado a él para trabajar y eso porque no me queda más remedio.

Bueno, ya vale de quejarse, que así no se llega a ningún sitio. A ponerse las pilas y a espabilar. Y como si fuera un grito de guerra...

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

* Todos los pesos en limpio

165 gr. de tallos pelados de espárragos verdes (reservar las puntas para otra preparación)

250 gr. de calabacín, preferiblemente verde claro

50 gr. de cebolleta, con un poco del tallo verde

50 gr. de puerro, sólo la parte blanca

320 ml. de caldo de verduras o agua

20 ml. de aceite

sal

queso Grana Padano DOP, rallado

almendras tostadas

flores de aciano comestibles (opcional)

ELABORACIÓN:

Lavar y escurrir todas las verduras.

Coger cada espárrago por ambos extremos y doblarlo, sin forzar, formando un arco y hasta que chasque: lo hará por la parte que ya empieza a ser tierna. Reservar la parte de las yemas para otra preparación. Cortar y deshechar un trocito del extremo inferior de los tallos por si tuvieran algún resto incrustado de tierra, pelarlos, si fueran duros, trocear con las manos y reservar.

Eliminar las raíces y hoja exterior, tanto de la cebolleta como del puerro. Picar groseramente ambos ingredientes y reservar.

Despuntar el calabacín, cortarlo a lo largo en cuatro trozos y laminar cada trozo. En caso de utilizar la variedad verde clara, no es necesario pelarlo. Reservar.

Introducir los espárragos en vaso del MC+, colocar la tapadera y con el orificio tapado, pulsar la tecla turbo durante tres segundos. Abrir el vaso, bajar los restos, incorporar la cebolleta y el puerro, tapar de nuevo y volver a pulsar la tecla turbo otros tres segundos.

Abrir nuevamente el vaso, bajar los restos con la espátula y añadir el aceite y un poco de sal. Colocar la tapadera y con el orificio tapado, programar 10 minutos, 120º C, tecla rehogar.

Cuando pare el MC+, incorporar al vaso el calabacín, colocar la tapadera y programar 10 minutos, 90º C, velocidad 1, marcha atrás.

Añadir 250 ml. del caldo o agua y programar otros 10 minutos, 90º C y velocidad 1.

Triturar 30 segundos, velocidad 10 y sin temperatura o hasta conseguir una crema fina y homogénea, añadiendo el resto del caldo o parte de él según la densidad deseada. Rectificar de sal, volcar la crema en un recipiente y dejar que se enfríe. Una vez fría, tapar y llevar al frigorífico hasta el momento de consumir.

Servir fresquita, espolvoreada con abundante queso Grana Padano y almendras tostadas picadas groseramente y unas flores de aciano (si se usan).

A comer.

domingo, 25 de octubre de 2020

Pimento cheese (queso de pimiento). Receta de Estados Unidos

Según se está poniendo el panorama, lo de ir el domingo a tomar el vermut va a tener que esperar. Pero que no vaya al bar a tomarme el aperitivo no quiere decir que no lo pueda preparar en casa y como me gusta mucho untar quesos y patés en pan tostado o galletitas saladas, he preparado este queso de pimiento, que se hace con la gorra, pero no por eso está menos rico.

Le he puesto muy poquito ajo (si os fijáis en las fotos, la receta lleva el trozo de ajo que la falta al diente que se ve en ellas) y sólo una pimienta de Cayena sin semillas, pues el ajo y el picante se acentúan con el paso de las horas y son sabores que si te pasas, predominan sobre el resto hasta anularlos. Además quería que el sabor fuera suave. Yo no le he puesto sal, porque para mí es suficiente con la que tienen todos los ingredientes, pero a lo mejor alguien tiene que ajustar el punto de sal.

Los ingredientes se procesarán mejor si están a temperatura ambiente. Por contra, el queso cheddar se rallará mejor si está frío.

Y poco más. Deciros que este queso, que he adaptado de “Once upon a chef”, pertenece a la cocina sureña tradicional estadounidense y es conocido como paté del sur. La base se compone de queso cheddar de sabor fuerte, queso cremoso, mayonesa y pimiento, a la que, según la zona, se suele añadir guindilla, jalapeños, cebolla, apio, pepinillos... Tendría que haber sido más picante, pero lo quería suave. Se suele consumir con pan tostado, galletas saladas y crudités, aunque la verdad, la textura no se me presta mucho para untar zanahoria o apio, sino más bien para untarla en pan. También se utiliza como relleno de sandwiches y en hamburguesas. ¡Incluso he visto por ahí que con macarrones!

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

100 gr. de queso crema (tipo Philadelphia) bajo en grasa, a temperatura ambiente

40 gr. de salsa mayonesa, a temperatura ambiente

1/2 tsp de salsa Worcestershire

1 trocito pequeño de ajo

1 pimienta de cayena fresca

100 gr. de queso cheddar naranja madurado, frío

45 gr. de pimiento rojo en conserva, escurrido

ELABORACIÓN:

Lavar la pimienta de cayena, abrir y retirar las semillas. Cortar la guindilla con unas tijeras en trozos pequeños y disponerlos en un procesador de alimentos equipado con cuchilla o en el accesorio picador de la batidora de brazo. Añadir el ajo machacado, el queso crema, la mayonesa y la salsa Worcestershire. Procesar hasta que quede una crema fina y homogénea. Quitar la cuchilla.

Rallar el queso cheddar y agregar a la crema de queso. Mezclar con una espátula.

Picar a cuchillo el pimiento rojo en trozos pequeños y añadir a la crema de queso. Mezclar con la espátula hasta homogeneizar.

Servir a temperatura ambiente o ligeramente fresco, acompañado de pan tostado o galletas saladas.

A comer.

Reedición a 5 de noviembre de 2020.

Hoy me he llevado una gran alegría al ver esta receta nombrada en el Paseo por la gastronomía de la red con platos caseros y reconfortantes para el otoño de Directo al Paladar. Gracias Pakus por mencionar este humilde rincón.

martes, 15 de septiembre de 2020

Crema tibia de setas y manzana, en olla WMF


Una de las ventajas de tener un blog de cocina es que nuestros menús se vuelven más variados, ya que con la “excusa” de preparar un plato para publicar en el blog, cocinas recetas nuevas con más asiduidad. Como conoces los gustos de los que se sientan a la mesa, la gran mayoría de las veces lo que has preparado recibe la aprobación de los comensales. Una de las desventajas es que tanto experimento tiene un pequeño porcentaje de fracaso, bien porque el resultado no es el esperado, bien por una mala ejecución de la receta, aunque casi siempre es medianamente comestible, creo que salvo unos panes que fueron a la basura sin posibilidad de aprovechamiento, nunca he tenido que tirar nada. Esto lo digo porque precisamente según preparo la entrada, me estoy tomando un café con unas galletitas de mantequilla y manzana, que aunque ricas, son manifiestamente mejorables, amén de que no acerté con la temperatura de horneado y me quedaron excesivamente tostadas por fuera, con lo que, claro, de traerlas por aquí nada de nada pero tirarlas a la basura menos aún, que comerse se pueden comer porque a pesar de que al interior le faltó un minuto de cocción, precisamente por eso están blanditas por dentro, cuestión que no ha sido muy bien recibida en casa, así que entre unas cosas y otras, aquí estoy yo, “sacrificándome” y comiéndomelas, aunque sé de otro que a pesar de quejarse, ya se ha “sacrificado” un par de veces, cosa que no hizo con esta riquísima crema de setas y manzana y es que el cuchareo no le gusta nada de nada, razón por la que en el blog hay tan pocos platos de cuchara.

Bueno, pues peor para él, no sabe lo que se pierde pero aquí os la traigo para que vosotras podáis cocinarla y saborearla, con su sabor suave, con el toque ácido de la manzana (a falta de golden verde, sustituir por granny smith) y el muy interesante punto picante del aceite de guindilla. Una receta para repetirla y disfrutarla.

Una última cosita: tened siempre en la despensa aceite de oliva virgen extra aromatizado con hierbas como romero o tomillo frescos, con pimienta de cayena/guindilla fresca, con ajo, pues son muy versátiles en la cocina y dan mucho juego. Lavad y secad muy bien una rama de la hierba elegida, metedla en una botellita de cristal (yo uso unas de 250 ml. de capacidad) y llenad con AOVE de sabor suave, para que no predomine sobre la especia, hasta que quede cubierta por completo. Para el de guindilla, pinchad con un palillo 6-8 cayenas o guindillas, verdes y rojas y siempre frescas, procediendo igual que para el de hierbas. Alguna flotará, pero no pasa nada. Conservad en un sitio fresco y donde no reciba luz solar directa. Al mes ya se puede utilizar, intensificándose el sabor según vaya pasando el tiempo. Probadlo, seguro que me lo agradecéis.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.



INGREDIENTES:


* Para 500 ml. aprox., todos los pesos en limpio

200 gr. de mezcla de setas congeladas

140 gr. de manzana golden verde

50 gr. de cebolla tierna

50 gr. de puerro (incluyendo un poco de la parte verde)

100 gr. de patata

20 gr. de margarina vegetal

250 ml. de agua

sal

AOVE

AOVE aromatizado con guindilla (o AOVE mezclado con salsa Tabasco)

unas hojitas de hierbabuena (para la decoración)



ELABORACIÓN:


Descongelar las setas. Cortar a la mitad las más grandes y reservar.

Pelar cebolla y puerro, eliminar las raíces de ambas y picar groseramente. Reservar.

Lavar la patata, pelar y cortar en trozos de tamaño medio. Al cortarla, no llegar con el cuchillo hasta el final del corte, sino que tronchar el final del corte.. Reservar.

Lavar, pelar y descorazonar la manzana. Cortar un cuarto en dados de un centímetro de lado y el resto groseramente. Reservar por separado.

Poner a calentar una sartén pequeña con diez gramos de margarina. Pochar a fuego medio los daditos de manzana hasta que se ablanden pero sin que se deshagan. Subir entonces el fuego y dorarlos, removiendo con cuidado. Sacar a un plato, escurriendo la margarina sobrante y reservar.

Disponer en la olla rápida WMF los otros diez gramos de margarina vegetal y el sobrante de la sartén. Añadir un fondo de aceite de oliva virgen extra y llevar a fuego fuerte. Cuando esté bien caliente, agregar las setas, la manzana picada groseramente, la cebolla, el puerro y sal y dorar cinco minutos sin dejar de remover. Apartar unas setas de las más pequeñas (para decorar posteriormente los platos) y agregar la patata, continuar dorando el conjunto otros cinco minutos y añadir el agua.

Llevar a ebullición, colocar la tapadera de la olla, cerrarla y cocer 8 minutos contados desde que suba la válvula por completo.

Retirar del fuego y esperar que la olla pierda toda la presión antes de abrirla. Triturar el contenido de la olla con la batidora de brazo hasta conseguir una crema de textura fina y rectificar de sal si procede.

Dejar que se temple, removiendo de vez en cuando para evitar que se seque la capa superior.

Distribuir en dos cuencos o platos hondos. Colocar en el centro de cada plato las setitas reservadas, repartir a un lado los dados de manzana, regar el otro lado con unas gotas de aceite de oliva virgen extra aromatizado con guindilla (o en su defecto, aceite de oliva virgen extra mezclado con salsa Tabasco al gusto) y decorar con la hierbabuena.

A comer.

martes, 30 de junio de 2020

Crema agria ligera casera


Herniada me he quedado hoy con la receta. Qué trabajazo, por favor... El de encender el ordenador, editar las fotos y escribir la entrada, porque lo que es la receta, se puede calificar de “esfuerzo: -2”. Pero como pretender encontrar crema agria en algún supermercado de aquí es una utopía, toca hacerla en casa, aunque el trabajo sea equiparable a abrir un frasco de conserva. Bueno, ni eso, que hay tarros que me ha costado abrir mucho más que hacer la crema agria.

Supongo que sabréis lo que es la crema agria (o sour cream): no es más que nata fermentada con bacterias lácticas. La versión casera y facilona es la que os enseño aquí y que he tomado de esta receta de Directo al Paladar.

Según he leído por ahí, a mayor porcentaje de grasa en la nata, antes y más espesará la crema agria. El método para hacerla es el mismo, evidentemente. En cualquier caso, supongo que según qué nata se utilice, habrá una gran diferencia en el resultado y no sólo como consecuencia el porcentaje de grasa que contenga: parece ser que es infinitamente mejor la obtenida a partir de nata fresca, pero volvemos a la misma, hay que arreglarse con lo que se encuentra por aquí en formato doméstico y ésta suele ser pasteurizada. Digo formato doméstico porque sí he visto nata fresca, pero en envases para hostelería de un litro ¿y dónde voy yo con tanta nata, a la que, por otra parte, no soy excesivamente aficionada?. Así que nos apañamos con esos bricks pequeños y asunto arreglado. Total, tampoco he probado nunca la nata agria auténtica con lo que no sé a qué sabe y me vale perfectamente este sucedáneo hecho en casa.

Os preguntaréis a qué sabe. Pues recién hecha tiene un sabor más suave que el de la nata y ligeramente ácido, pero al día siguiente, la acidez es más sutil y su sabor recuerda al de el queso de untar aún teniendo un deje a nata.

La nata agria o sour cream, se utiliza en muchísimas recetas europeas y americanas, sobre todo en repostería. Ahora bien, para ese uso, es aconsejable prepararla con nata con un 35% de materia grasa (la de montar) porque el resultado es bastante diferente. Yo la quería para elaboraciones saladas y necesitaba una textura más ligera.

Un consejito: no batáis mucho la nata, es suficiente con removerla con una cuchara para integrar el zumo de limón y la sal. Si estáis utilizando nata con un 35% de materia grasa y os emocionáis batiendo como hice yo, se os cortará la mezcla, se separará el suero y obtendréis algo que se supone que es mascarpone pero que sabe a mantequilla y tiene una textura (a temperatura ambiente) deliciosamente sedosa (foto-testimonio más abajo). Si sentís curiosidad, haced la prueba: batid la mezcla con unas varillas manuales hasta que adopte una apariencia granulosa (ojo, que tarda poco), eso indicará que ya empieza a separarse el suero (el famoso y fantasmal buttermilk) de la materia grasa. Seguid batiendo: al principio la parte sólida se quedará hecha un pegote dentro de las varillas y en el fondo del recipiente quedará la parte líquida. Escurrir ésta a otro cuenco, colándola al propio tiempo para que no caiga nada de materia sólida. Poner toda la materia sólida en el colador y presionar con una cuchara para que siga soltando suero. Cuando ya no escurra nada de líquido, devolver el contenido del colador al bol donde estabais batiendo y continuad dándole con las varillas, se volverá a pegar a ellas. Poco a poco, la mezcla irá desprendiéndose de las varillas y pegándose a las pareces del bol, a la vez que se vuelve muy sedosa, con una textura parecida a la de la mantequilla a punto pomada. Batid un poco más hasta que esté homogénea, volcar en un recipiente y distribuirla intentando que no queden bolsas de aire. Cerrar y conservar en el frigorífico. Yo la he utilizado después en sustitución de la mantequilla. El suero no lo pude usar porque al recoger los trastos de la sesión de fotos, le dí un golpe al frasco y se fue todo el contenido a paseo.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:


100 ml. de nata con un 18% de materia grasa (de la de cocinar), a temperatura ambiente

7 ml. de zumo natural de limón filtrado, a temperatura ambiente

una pizca de sal


ELABORACIÓN:


Disponer en un bol la nata y agregar el zumo de limón. Remover con una cuchara, tapar y dejar reposar 30 minutos en un lugar cálido para que espese. Lo hará ligeramente.

Añadir una pizca de sal, volver a remover con la cuchara para integrarla y verter en un frasco que cierre bien. Colocar la tapadera y llevar al frigorífico; seguirá espesando.

Esperar al menos cuatro horas antes de consumir, o mejor aún, toda la noche. Eso hará que la crema coja cuerpo, aumente de volumen y afine el sabor.

Sacar del frigorífico y utilizar en la forma que requiera la receta.

A comer.

jueves, 30 de abril de 2020

Salsa chraimeh


Esta salsa está tan buena, que merece una entrada para ella sola. En casa la hemos comido para acompañar unos pinchos de magro de cerdo a la brasa y para unas alitas de pollo embadurnadas con ella y después asadas en las brasas y las carnes, de ambas maneras, estaban muy ricas, sobre todo las alitas, así que supongo que también ha de quedar muy bien con churrasco de ternera, con unas costillas fritas o asadas y con una fondue de solomillo de cerdo. Es desde luego, una salsa muy versátil.

La salsa, recién hecha, no es muy picante, pero no caigáis en la tentación de añadir más guindilla, pues el sabor se va intensificando con el paso de las horas y de los días, pues se conserva perfectamente al menos dos semanas, que es el tiempo que hemos tardado en consumirla. Como es una salsa de sabor potente, cunde mucho y con las cantidades que doy, sale bastante. Pero si dobláis cantidades, aconsejo que preparéis la mezcla en un procesador de alimentos, ya que os facilitará mucho la tarea, cuidando siempre que la textura quede un poco gruesa.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



INGREDIENTES:


3 tbs. de aceite de girasol

3 dientes de ajo medianos

1 tsp. de pimentón dulce

1 tsp. de semillas de alcaravea

1/2 tsp. de semillas de comino

una punta generosa de cuchillo romo de canela en polvo

2 pimientas de cayena verdes frescas o 1 chile verde fresco

75 ml. de agua caliente

tbs. de salsa de tomate espesa

1/2 tsp. de azúcar blanquilla

2 tbs. de zumo de limón

sal y pimienta negra en polvo


ELABORACIÓN:


En una sartén sin aceite, tostar a fuego medio las semillas de alcaravea hasta que empiecen a desprender su aroma y cuidando que no se quemen. Apartar del fuego y dejar enfriar.

Pelar los ajos, eliminar el germen e introducir en un mortero. Añadir las semillas de comino, las de alcaravea frías y las cayenas verdes picadas gruesas o el chile picado igualmente grueso. Machacar hasta formar una pasta. Añadir 2 tbs de aceite y homogeneizar.

Poner a calentar 1 tbs de aceite en una sartén pequeña. Cuando esté bien caliente, añadir la pasta del mortero, remover y sofreír a fuego alto durante medio minuto. Apartar del fuego y añadir un poco del agua caliente para bajar la temperatura del aceite y evitar que salte. Agregar el resto del agua, la salsa de tomate, el pimentón dulce, el azúcar, la canela, el zumo de limón, 1/4 tbs de sal y una pizca de pimienta negra, remover y volver a llevar al fuego. Calentar el conjunto a temperatura suave y hervir durante dos minutos.

Apartar del fuego y consumir templada o a temperatura ambiente.

A comer.

lunes, 20 de enero de 2020

Puré de níscalos frescos y setas secas (guarnición)


Receta robada descaradamente, tuneada sin pudor y publicada aquí sin miramientos. ¿Y quien ha sido la pobre víctima? Pues mi querida Marisa Thermofan , que recientemente publicó esta rica salsa y ya la avisé en su día que se la iba a copiar. Sinceramente, no pensaba publicarla, pero como ella me animó a hacerlo, pues aquí está.
 
Según iba leyendo su salsa enriquecida de setas, me decía a mi misma que tenía que estar buenísima, hasta el punto de que me dió el “perrenque” y la tenía que hacer sí o sí y ya, de tal modo que al no tener todos los ingredientes de su receta, tuve que adaptarla a mi despensa con el resultado que os traigo. Espero que Marisa no se moleste mucho por el atentado contra su salsa. Otro día tengo que ser buena y hacer su receta al pie de la letra.

El caso es que al final me quedó riquísima, la verdad. La hice muy espesa porque la preparé como guarnición de unos codillos asados y en sustitución del típico puré de patatas y he de decir que le iba muy bien a los codillos.

Es una salsa/puré llena de posibilidades. Más ligera, perfecta para napar un solomillo de cerdo asado o una pechuga de pollo a la plancha. Mucho más líquida, para asar un pescado en el horno y así de espesa, como ingrediente para elaborar un guiso de carne. Como me sobró y la congelé, ya le estoy dando vueltas a una ternera guisada con salsa de setas y algún fruto seco...

Las setas deshidratadas que utilicé las había deshidratado yo en casa, con lo que su textura no es como la de las comerciales, pero es algo que no se nota al final en el puré, así que si tenéis setas deshidratadas por vosotras, no dudéis en utilizarlas.

Reedito la entrada pues por "aclamación popular" esta receta debe estar en el proyecto de reutilización y aprovechamiento que promueve mensualmente Marisa, 1+/-100, desperdicio 0


¿Cómo? ¿Que no lo conocéis? Pues pinchad en el enlace, que ya estáis tardando.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:


180 gr. de níscalos frescos

5 gr. de una mezcla indistinta de setas secas (champiñón blanco cultivado y boletus y seta de cardo silvestres u otra mezcla)

40 gr. de cebolleta (incluyendo un poco de la parte verde)

20 gr. de margarina vegetal

40 ml. de vino blanco seco

20 ml. de vino blanco dulce

40 ml. de agua caliente

20 gr. de leche desnatada en polvo

AOVE

sal

la punta de un cuchillo romo, de pimienta negra molida (generosa)
 

ELABORACIÓN:
 

Lavar bajo el grifo con un hilo de agua y uno a uno los níscalos, frotándolos con un cepillito para eliminar la suciedad. Ir colocándolos de canto en un escurridor. Una vez limpios y escurridos, picar menudos y reservar.

Si las setas secas son comerciales, reducir a polvo con la ayuda de un molinillo de café. Si las habéis deshidratado en casa (como hice yo), su textura no permitirá molerlas, ya que serán flexibles (depende un poco de la seta) en vez de quebradizas. En ese caso, picar muy menudas con unas tijeras y reservar.

Picar en brunoise la cebolleta y reservar.

Disponer un fondo de aceite de oliva virgen extra en un sartén honda lo suficientemente grande para que quepan todos los ingredientes. Calentar el aceite y cuando alcance temperatura, incorporar la cebolleta con un poco de sal y rehogar a fuego suave hasta que empiece a ablandarse. Añadir los níscalos y algo más de sal y rehogar 5 minutos; incorporar las setas secas y la margarina y cocinar otros cinco minutos. Agregar los vinos, la leche desnatada en polvo previamente disuelta en el agua caliente y la pimienta negra molida. Cocinar tapado a fuego suave durante cuarenta minutos o hasta que los níscalos estén tiernos. Durante el proceso de cocción, parecerá que la leche se ha cortado: no pasa nada, es así.

Verter el contenido de la sartén en el vaso de la batidora de brazo y triturar con ésta hasta conseguir una mezcla fina y homogénea, rectificando de sal si fuera necesario. Si no se va a consumir de inmediato, colocar un trozo de papel film a piel y dejar enfriar.

Salen aproximadamente 240 gr. de puré de setas muy espeso, con la textura y densidad del puré de patatas que suele utilizarse habitualmente para guarnición de carnes. Para otros usos, añadir agua gradualmente hasta conseguir la textura deseada.

A comer.


lunes, 30 de diciembre de 2019

Salsa de manzana y champiñones


Hoy os traigo una receta sencillita pues imagino que la mayoría andáis sin tiempo estos días. Esta salsa forma parte de otra receta que ya os enseñaré, pero está tan buena que merece una entrada para ella sola para que así resulte más fácil de localizar. Sabe mucho a manzana y es perfecta para acompañar lomo o codillo de cerdo asados, redondo de ternera guisado o pechuga de pollo a la plancha. Se puede preparar con antelación y dura hasta cinco días en el frigorífico dentro de un recipiente hermético.

Con las cantidades que indico no sale mucha salsa, más o menos para dos raciones utilizada como puré espeso para guarnición, así que según para qué se vaya a utilizar, habrá que doblar o triplicar las cantidades.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.



INGREDIENTES:
 

45 gr. de cebolla (peso en limpio)

95 gr. de manzana granny smith (peso en limpio)

75 gr. de champiñones (peso en limpio)

pimienta blanca molida

aceite y sal

75-100 ml. de agua caliente

 

ELABORACIÓN:
 

Pelar y picar en brunoise la cebolla y rehogar a fuego lento en una sartén honda con un fondo de aceite y un poco de sal hasta que esté casi transparente. En ese momento, añadir la manzana pelada, descorazonada y cortada en cubos no más grandes de medio centímetro de lado. Continuar rehogando a la misma temperatura hasta que se vea la manzana medio cocinada. Entonces, incorporar los champiñones lavados y picados groseramente en trozos no muy grandes, agregar pimienta blanca molida al gusto y cocinar el conjunto tapado hasta que los champiñones estén guisados y hayan consumido todo el agua de vegetación.

Apartar la preparación del fuego, verter en el vaso de la batidora de brazo y triturar con ésta hasta conseguir un puré muy fino. Agregar de 75 a 100 ml. de agua, según el espesor deseado en función del uso que se le vaya a dar, rectificar de sal y servir caliente.

A comer.


domingo, 15 de septiembre de 2019

Crema fría de guisantes con yogur, cúrcuma y hierbabuena, en olla WMF


Dice mi hermana que a quien no le gustan los guisantes es porque nunca ha comido un buen guisante fresco. Y tal vez tenga razón, porque el sabor de un guisante fresco no se puede comparar con el que tienen los guisantes en conserva. De hecho, el sabor y la textura de estos últimos tiene bastante poco parecido con la de los primeros. Creo que los habré comprado dos veces en mi vida porque no me gustan nada. El guisante congelado ya es otra cosa. Pero no cualquier guisante: por mucho que ponga “finos” en el paquete, las diferencias de calidad son abismales de unas marcas a otras y pocas pueden competir con los guisantes frescos. Alguien podrá tacharme de exagerada pero no es así: hace años que no compro guisantes porque los cultivamos en casa, se recolectan cuando el guisante no ha madurado del todo y se desgranan y congelan en el mismo día y hay diferencia de unos a otros. Mis guisantes congelados están muy-muy buenos pero cuando son frescos, están para matar por ellos; mis sobrinas pequeñas sólo comen los guisantes de su tía porque los otros no les gustan y mi familia adulta, cuando viene a pasar el verano al pueblo, siempre me pide que les dé “unos pocos” para comer. A mí, personalmente, me encantan los guisantes de cualquier manera y cuando los desgrano, me harto a comer aquéllos que están todavía poco hechos.
 
Así que esta crema, que es guisante y casi nada más, me ha encantado. Se puede tomar fría o del tiempo y tira un poco a dulce. Los guisantes se me pasaron un poco de cocción con lo que quedaron de color verde oscuro. También porque eran congelados y el guisante congelado se oscurece más al cocer que el fresco. Pero está muy rica. Siempre que os gusten los guisantes a rabiar...

Y por favor, compradlos de muy buena calidad porque la diferencia se nota muchísimo y merece la pena pagar un poco más.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.
 
 
INGREDIENTES:
 
Para 400 ml. de crema, aproximadamente
 
300 gr. de guisantes congelados (peso sin las vainas)
 
15 ml. de AOVE
 
150 ml. de agua
 
tbs. de yogur natural desnatado sin azúcar
 
2-3 hojas tiernas de hierbabuena
 
1/8 tsp. de cúrcuma en polvo
 
6-8 granos de pimienta rosa
 
sal
 
 
ELABORACIÓN:
 
NOTA: Los tiempos de cocción que se indican lo son para una placa vitrocerámica de inducción. En el caso de utilizar otra fuente de calor (eléctrico, gas, halógeno), los tiempos variarán, debiendo ser adaptados. Lo mismo ocurre en caso de utilizar otra olla a presión o una cazuela convencional.
 
Poner a calentar el aceite de oliva virgen extra en la olla rápida. Cuando esté muy caliente, añadir los guisantes sin descongelar y rehogar un minuto sin dejar de remover; agregar a continuación 50 ml. de agua y sal al gusto, cerrar la olla y llevar a ebullición con el fuego al máximo. Dejar que salgan los dos aros de la válvula de la olla, apagar la vitrocerámica y dejar la olla en la placa hasta que pierda presión.
 
Lavar y cortar con unas tijeras la hierbabuena y añadirla a una tbs. de yogur. Para un sabor más intenso, machacar las hojas en el mortero. Reservar.
 
Añadir la cúrcuma en polvo a la otra tbs. de yogur, remover para integrar y reservar.
 
Abrir la olla y volcar su contenido en el vaso de la batidora de brazo. Incorporar los 100 ml. de agua restantes y triturar con la batidora hasta conseguir un puré fino de espesor medio. Rectificar de sal y añadir más agua si se desea una crema más ligera. Dejar enfriar por completo.
 
Para servir, disponer la crema en dos cuencos, añadir media tbs. de yogur con hierbabuena y media tbs. de yogur con cúrcuma en cada cuenco, machacar los granos de pimienta rosa en un mortero y distribuir entre ambos cuencos.
 
A comer.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 30 de agosto de 2019

Tsatsiki


O la odisea del eneldo fresco. Me recorrí todos los supermercados medianos y grandes de la ciudad y no lo tenían en ningún sitio. Fui incluso a una frutería que conozco que tienen artículos un poco más de “delicatessen” que la mayoría y tampoco lo tenían. En las fruterías normales ni me molesté en mirar. No sé si es que el verano no es buena temporada para el eneldo o aquí no tiene tirón y han dejado de comercializarlo, porque yo sí lo he visto en alguna ocasión. El caso es que dí tanta guerra que una compañera de trabajo me lo hizo traer desde Madrid. Más contenta yo con mi eneldo fresco... Por cierto, que el susodicho estaba cultivado en Marruecos; ahí es “ná” el viajecito que se ha hecho.

La receta está adaptada del libro “Cocina griega. 300 recetas tradicionales” del que ya hablé en la entrada del kuneli. El tsatsiki se suele servir acompañado de crudités o pan para comerlo como entrante, de hecho en el libro viene en el apartado “tapas”. Yo prefiero comerlo como salsa para aderezar otros platos. Está de muerte como aliño de un buen tomate, que es para lo que lo utilizo e incluso sobre una rebanada de pan tostado con un par de buenas anchoas en aceite de Santoña. Se me ocurre que tiene que quedar muy bien servido con un pescado blanco cocinado al vapor; tengo que probarlo. Por este motivo lo hago muy espeso y además porque para mi gusto, añadir más yogur resta protagonismo al pepino, pero es una opinión personal.

Es muy importante estrujar al máximo la pulpa de pepino para no licuar la preparación. Aún así, con el paso de la horas el pepino seguirá soltando agua y habrá que remover el tsatsiki para unificar la textura.

Amantes del pepino, ésta es vuestra salsa.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.


INGREDIENTES:

650 gr. de pepino (peso con piel y pepitas) para obtener 170 gr. de pepino rallado y escurrido, aproximadamente

170 gr. de yogur tipo griego, natural y sin azúcar (el mismo peso del pepino rallado y escurrido)

1 diente de ajo pequeño

25 ml. de AOVE

25 ml. de zumo de lima

2 tsp. de hojas picadas de eneldo fresco

sal
 

ELABORACIÓN:

Lavar y pelar el pepino, dejando algunas tiras finas de piel para facilitar su digestión. Cortar a lo largo en dos trozos y quitar las pepitas. Rallarlo con rallador de verduras de orificio fino y disponerlo en un escurridor. Dejar escurrir una hora y media o hasta que se vea que ya no suelta casi líquido.

Pasado el tiempo, estrujar con fuerza la pulpa del pepino para escurrir al máximo el agua. Repetir el proceso hasta que ya casi no suelte líquido. Esto es importante para no aguar posteriormente la salsa.

Pesar la pulpa estrujada y disponer en un cuenco tantos gramos de yogur griego como gramos de pepino. Si el yogur tuviera algo de suero, eliminar éste antes de pesarlo.

Pelar el diente de ajo y quitar el germen si lo tuviera. Partir en cuatro o cinco trozos, estrujarlo con el prensa-ajos y añadirlo al cuenco del yogur. Agregar igualmente el aceite de oliva virgen extra, el zumo de lima y sal. Remover para integrar.

Lavar y secar el eneldo fresco. Picar las hojas con unas tijeras y añadir 2 tsp. de hojas cortadas al cuenco del yogur y remover.

Colocar en un bol el pepino rallado y mezclar con la salsa de yogur. Llevar al frigorífico un mínimo de media hora para unificar sabores y refrescar.

A comer.


jueves, 25 de julio de 2019

Crema untable de pimiento asado y tomate seco


Después de unas cuantas entradas programadas con motivo de mi escapada vacacional, vuelvo a publicar “en vivo y en directo”. Y una recetita sin complicaciones y sin tener que encender el fuego, que entre la pereza física y sobre todo mental que arrastro y estos calores que cada día llevo peor, no me apetece nada cocinar. Una de las cosas que más me gusta de las vacaciones, es no tener que pensar “¿qué hago mañana de comida?”, porque la verdad, muchas veces ya no sabes qué cocinar, porque tiene que gustar a todo el mundo, porque procuras no repetirte y porque (en mi caso, al menos) tienen que ser platos que se puedan dejar guisados de un día para otro y claro, entre unas cosas y otras, el repertorio se limita bastante y a mi me termina estresando el hecho de tener que estrujarme la mollera todos los días a cuenta del menú. ¡Qué bien llegar al restaurante y sólo preocuparte de elegir qué te apetece comer! Vale que después de un tiempo puedes añorar la comida de casa, pero de vez en cuando hay que descansar de planificar las comidas, hacer la compra y cocinar, que quien no lo hace no sabe lo que eso, con el paso de los años, puede llegar a cansar mentalmente.

Esta sencilla crema resulta adictiva, sobre todo con zanahoria cruda, que es como más me gusta, por el contraste entre el dulzor de ésta y el picante de aquélla. Porque la gracia la tiene en que esté sabrosilla pero sin pasarse, tiendo en cuenta que con el paso de las horas se afirmará el sabor picante. Me gusta que se noten los trocitos de tomate seco, pero esta vez me pasé triturando la crema y casi ni se aprecian. No sale mucha cantidad porque prefiero que no sobre, pero para mico y mona que somos en casa, me da para dos días. La que sobre, al día siguiente estará firme al enfriarse el queso, así que habrá que sacarla con antelación, dejar que se atempere y removerla enérgicamente con un tenedor para que recupere la textura.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:

150 gr. de pimientos rojos asados (peso ya asados, sin piel ni pepitas y escurridos)

10 gr. de tomates secos en aceite (peso escurrido)

10 gr. de cebolla tierna o cebolleta

70 gr. de queso de untar tipo (Philadelphia) bajo en grasa a temperatura ambiente

salsa Tabasco

1/2 tsp. de orégano seco

1-2 tsp. de copos de puré de patata (opcional) *

sal


ELABORACIÓN:

Disponer los pimientos rojos asados, la cebolla y el queso en el vaso de la batidora de brazo y triturar con ésta hasta conseguir un puré fino. Agregar los tomates secos escurridos de su aceite y picados groseramente y sal y Tabasco al gusto. Volver a triturar con la batidora pero esta vez procurando que queden trocitos de tomate sin triturar. Rectificar de sal y Tabasco si procede y añadir el orégano seco integrándolo con una espátula. Refrigerar al menos una hora antes de consumir.

* La consistencia de la crema variará mucho en función del pimiento asado utilizado. Si es en conserva, probablemente no habrá que rectificarla, pero si se utiliza pimiento asado en casa (que es lo que yo hago), éste aportará bastante agua, más cuanto mayor sea el punto de maduración del pimiento, quedando tal vez demasiado ligera. Para espesarla, reducir a polvo una tsp. de copos de puré de patata y añadirla a la crema. Remover y dejar reposar 10 minutos para que se hidrate la patata. Volver a remover y si aún resulta poco densa, añadir otra tsp. de copos triturados e integrar. La consistencia de la crema cambiará, pasando de un puré fino a uno más denso un poco “grumosillo” a la vista, que no al paladar.

Degustar con unos bastones de zanahoria fresca o con colines o picos.

A comer.





miércoles, 10 de julio de 2019

Baba ganoush


Qué vicio tiene este puré de berenjena. A mí me encanta con unos picos y resulta un entrante muy refrescante para el calor. La receta está adaptada de Bake-Street y está buenísimo. Con la cantidad de tahini que sale, da para hacer tres veces la receta del baba ganoush, así que como el tahini se conserva mucho tiempo y el horno gasta lo mismo para asar una berenjena que siete, yo aconsejo llenar con todas las que quepan la bandeja del horno y asarlas todas. Luego con parte de esas berenjenas y unos buenos pimientos rojos asados podemos preparar una rica escalibada, por ejemplo y con el resto, baba ganoush, que además congela estupendamente. Luego, para recuperar la textura una vez descongelado, basta con batirlo con la batidora o las varillas manuales o incluso con un tenedor.
 
Hoy no me extiendo más. Queremos salir mañana de vacaciones y no he terminado de hacer la maleta.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



INGREDIENTES:



* Para el BABA GANOUSH:


375 gr. de berenjena asada (peso en limpio y ya asada)

tbs. de tahini (receta más abajo)

15-20 m. de zumo de limón (según acidez)

1/4 tsp. de comino en grano

7 gr. de ajo fresco sin piel ni germen

25 ml. de aove

3 gr. de sal



* Para el TAHINI:


45 gr. de semillas de sésamo dorado crudo

25 ml. de aove

1 pizca de sal



ELABORACIÓN:


* Del TAHINI:

En una sartén sin aceite, tostar por tandas la semillas de sésamo, cuidando que no se quemen. Ponerlo en el accesorio picador de la batidora de brazo, añadir el aceite de oliva virgen extra y la pizca de sal y procesar hasta conseguir una pasta fina. Como es poca cantidad (suficiente para preparar el baba ganoush y que sobre), costará mucho picarlo ya que se quedará por las paredes del vaso, pero con paciencia se conseguirá moler todo el sésamo. Quedará una pasta de consistencia fluida muy aromática. El tahini que sobre se conservará mucho tiempo en un recipiente hermético en la parte más fría del frigorífico.


* Del BABA GANOUSH:

Lavar las berenjenas y asarlas enteras y con piel en el horno precalentado a 180º C y con calor arriba y abajo durante 45 minutos, colocando la bandeja a media altura y dando la vuelta a las berenjenas a la mitad del tiempo.

Sacar la bandeja del horno, esperar a que la temperatura de las berenjenas permita su manipulación y eliminar la piel. Pesar 375 gr. e introducirlos en el accesorio picador de la batidora de brazo junto con el ajo prensado con un prensa-ajos. Picar.

Moler en el mortero el comino hasta conseguir un polvo fino e incorporarlo a la berenjena junto con la sal, la tbs. de tahini y el aceite de oliva virgen extra. Picar. Añadir 15 ml. de zumo de limón y volver a picar. Comprobar el punto de acidez y si estuviera muy suave, agregar 5 ml. más de zumo de limón, teniendo en cuenta que el sabor del limón se refuerza con el paso de las horas.

Servir con un poco de sésamo tostado por encima, si se desea y acompañado de unos picos, regañás o colines y/o crudités.

A comer.