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domingo, 12 de junio de 2022

Lechazo al chocolate

Revisando la carpeta de las fotografías para el blog encontré las de este lechazo que cociné hace ya bastantes semanas. Decidí que ya era hora de publicar la receta y me fui a buscarla a la carpeta correspondiente. ¡Horror, no estaba! Y yo tan tranquila pensando que sí y es que, cuando cocino una receta nueva, procuro pasarla enseguida al ordenador, no sólo para no perderla, que no sería la primera vez que haciendo limpieza de papeles ha ido a parar alguna receta a la basura, si no porque suelo dejar algunos apuntes sobre el sabor, textura, necesidad de rectificaciones y cosas por el estilo, pues no puedo confiar en que mi mala cabeza recuerde todas esas cosas pasado un tiempo. Afortunadamente no ha sido el caso, pues según redactaba la receta iba recordando el sabor de la carne, la textura de la salsa y casi casi el olor del guiso. Seguro que también os ha pasado en alguna ocasión al recordar algún plato que habéis cocinado o comido en algún sitio, su recuerdo es tan vívido que parece que lo acabáis de comer. No pasa siempre, muchas veces comemos cosas deliciosas y al recordarlo sí nos acordamos que nos gustó muchísimo pero no tenemos esa sensación como de haber comido ese plato un momento antes. Como ya os comento, en esta ocasión parece que acabo de rebañar el plato, así que podéis confiar en mí cuando digo que está para chuparse los dedos, una delicia de sabores delicados que os enamorará aún cuando el gusto por el cordero lechal no sea mucho. Tampoco voy a deciros que vais a pasar del odio a esta carne a un amor incondicional, que todo tiene un límite, aunque tal vez, si os animáis a probarla...

Receta muy adaptada de aquí.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

700 gr. de lechazo, con hueso, troceado (pierna, paletilla, pescuezo...)

100 gr. de cebolla cortada en medias lunas de medio centímetro de grosor

25 gr. de apio picado en brunoise

100 gr. de puerro, de la parte blanca, cortado en medias lunas de 0'5 cm. de grosor

3 dientes de ajo, pelados, sin germen y picados menudos

25 gr. de almendras crudas enteras repeladas

1/8 tsp de clavo de olor en polvo

1/4 tsp de canela en polvo

30 gr. de ciruelas pasas sin hueso, picadas groseramente

1 tsp de tahini

50 gr. de salsa de tomate

1 pastilla (10 gr.) de caldo concentrado de verduras

1 pimienta de cayena picada

10 gr. de chocolate amargo troceado (70% de cacao)

350 ml. de agua

AOVE

sal

ELABORACIÓN:

Sazonar ligeramente el lechazo con sal y dorar en una sartén con un fondo de aceite de oliva virgen extra. Pasar la carne a una cazuela a medida que esté hecha.

Añadir más aceite a la sartén si fuera necesario, agregar la cebolla, el apio, el puerro, los ajos y las almendras, colocar una tapadera y rehogar a fuego bajo. Cuando las hortalizas estén blandas, incorporar el clavo, la canela y las ciruelas pasas, rehogar un minuto y añadir el tahini, la salsa de tomate, la pastilla de caldo desmenuzada y el agua. Remover para integrar todos los ingredientes, levantar el hervor y cocer dos minutos.

Espolvorear la pimienta de cayena por encima de la carne y verter el contenido de la sartén. Mecer suavemente la cazuela para mezclar los ingredientes, tapar y llevar al fuego. Hervir a fuego suave durante 15 minutos, destapar y prolongar la cocción otros 10 minutos o hasta que el lechazo esté tierno.

Bajar el fuego al mínimo y agregar el chocolate. Remover delicadamente y cocinar durante cinco minutos, sin que hierva para que el chocolate no se queme.

Rectificar de sal, si procede, dejar reposar cinco minutos y servir.

A comer.

sábado, 30 de octubre de 2021

Buñuelos de chocolate rellenos de mermelada de albaricoque

La mayoría de las veces ando a las tres menos cuartillo (es decir, en el último momento), con las recetas, pero lo de hoy ya ha sido lo más, con deciros que a las seis de la tarde, de hoy, estaba haciendo las fotos... Y es que, contrariamente a mi costumbre porque no miro mucho el calendario a la hora de publicar, quería publicar una receta acorde con las fechas, con la de Todos los Santos, entiéndase, porque a mí lo de halloween como que no me llama, pero eso a lo mejor lo dejo para otro post, que si no me disperso. El caso es que no sabía qué cocinar, quería algo típico de mi tierra, pero los huesos de santo están, hoy por hoy, fuera de mi alcance culinario, así que la cosa quedaba reducida a los más fáciles buñuelos. Pero claro, no quería hacer los típicos de viento, esos que absolutamente todos los años hacía mi madre por estas fechas, rellenos de crema pastelera o vacíos y de los que, siendo preadolescente, creo porque no lo recuerdo con exactitud, comí tal cantidad que debí empacharme porque durante muchos años era pensar en ellos y revolvérseme el estómago, incapaz de comerlos, casi ni de mirarlos, por favor, qué asco me daban. Sólo los dulces, que a los de bacalao no les hacía ascos, qué ricos le quedaban a mi madre. Ahora que lo pienso, no los tengo en el blog, bueno, pues habrá que ponerle remedio un día de éstos.

Pues de chocolate con mermelada, ale, para que no sean los típicos. Aunque debería decir de cacao, que es lo que llevan. Independientemente de cómo los llame, están para chuparse los dedos y no sólo por la mermelada que pueda escurrir al darles un mordisco. Serios competidores le han salido a los buñuelos de lemon curd, que mira que están ricos, pero ahora no sé cuáles me gustan más. La masa no es dulce, es más, sabe a cacao amargo, lo que se compensa con la mermelada. Les he puesto de albaricoque pero seguro que de cereza o frutos rojos también les va muy bien, pues son sabores que combinan perfectamente con el amargo del cacao.

Salen 22 o 23 buñuelos no muy grandes. La parte difícil de esta receta es que como la masa es muy oscura, no resulta fácil saber cuándo están fritos, aunque os lo va a decir el ojo, es como cuando amasáis, la masa os dice cuándo está amasada. Para que os sirva de orientación, tardo unos 12-15 segundos en dar forma a cada buñuelo y cuando añado el quinto al cazo del aceite, saco el primero, de tal forma que nunca hay más de cuatro friéndose a la vez. Aunque tal vez lo mejor es que partáis el primero para vez cómo está su interior, eso os dirá si necesitan más o menos tiempo.

Normalmente os comento lo que tenéis que hacer al cocinar la receta de turno. Pues hoy os voy a decir lo que no tenéis que hacer y es rellenar los buñuelos en exceso, pues se os reventarán por algún lado. Tampoco os saltéis el paso de triturar la mermelada que con las prisas es lo que hice yo y luego se me obstruía la manga pastelera por los trozos de fruta. Si es que las prisas nunca son buenas para nada.

Os dejo. Me voy a la cocina a comer un buñuelo (o dos, o tres...).

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.

INGREDIENTES:

*Para 22-23 unidades, según tamaño

160 ml. de agua

60 gr. de margarina vegetal

25 gr. de azúcar blanquilla

una pizca de sal

2 huevos talla L a temperatura ambiente

80 gr. de harina de todo uso, tamizada

20 gr. de cacao desgrasado en polvo

3/4 tsp de impulsor químico

aceite de sabor suave, para freír

140 gr. de mermelada de albaricoque, aproximadamente

azúcar glas, para decorar

*Y además:

una manga pastelera o una bolsa de plástico apto para alimentos

una boquilla para rellenar o una boquilla estrecha (opcional)

ELABORACIÓN:

Tamizar juntos el cacao en polvo y el impulsor químico y reservar.

Poner en un cazo mediano el agua, la sal, el azúcar y la margarina y llevar a ebullición a fuego alto. Cuando rompa el hervor y sin quitar el cazo del fuego, añadir de golpe toda la harina tamizada, bajar el fuego a medio y remover hasta integrar. Continuar removiendo sobre el fuego a fin de secar la masa y hasta que la mezcla se separe de las paredes.

Retirar el cazo del fuego y dejar que la masa de temple ligeramente, removiendo de vez en cuando. Cascar un huevo en una taza, para evitar que caiga algún trozo de cáscara en la masa, añadirlo al cazo y remover hasta que se absorba el huevo. No añadir el siguiente hasta que el primero no esté completamente integrado. Proceder de igual forma con el segundo huevo.

Una vez bien integrados los huevos en la masa, agregar la mezcla de cacao e impulsor y remover para que se distribuya uniformemente.

Filmar la masa a piel y dejar reposar diez minutos a temperatura ambiente.

En un cazo pequeño, poner aceite suficiente como para que los buñuelos floten al freír. Llevar al fuego y calentar a fuego medio-alto. Cuando el aceite esté caliente, pero no en exceso para que los buñuelos no se hagan por fuera pero queden crudos por dentro y que luego se desinflen, incorporar bolitas de masa hechas con la ayuda de dos cucharillas de postre. No conviene poner muchas de cada vez para evitar que baje la temperatura del aceite (si fuera así, los buñuelos absorberán más aceite y se abrirán); además han de quedar holgadas para que la masa pueda darse la vuelta por sí sola a medida que se fríe. Sacar los buñuelos a un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite y dejar que se enfríen.

Si la mermelada estuviera muy espesa, templarla ligeramente. Triturarla con la batidora de brazo hasta conseguir una textura fina en la que no haya trozos de fruta. Disponerla en una manga pastelera o bolsa de plástico apto para alimentos, provista de una boquilla para rellenar o una de orificio fino. En su defecto, cortar la punta de la manga o de la bolsa, casi justo en el extremo.

Una vez fríos los buñuelos, practicar en cada uno una pequeña incisión con ayuda de unas tijeras. Introducir en la incisión la manga pastelera y rellenar con un poco de mermelada. Disponer en la fuente de servicio, espolvorear con azúcar glas y servir.

A comer.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Mermelada de ciruela claudia con chocolate negro y pimienta de Jamaica

Creí que no me iba a dar tiempo a dejar programada la entrada antes de irme de vacaciones, pero lo he conseguido in extremis. Y es que, organizar las vacaciones me consume tiempo y trabajo, además del estrés que me provoca. Yo soy de las que se va de vacaciones para descansar de la organización de las vacaciones: buscar destino, alojamiento e información turística, planear excursiones, actividades y sitios para visitar y preparar maletas, me consume. Bien es verdad que todo esto lo hago en el breve intervalo que media entre el último día de trabajo y el primero del viaje y en el ínterin no me da ni tiempo a descansar y relajarme un poco. Y eso que sólo viajamos dos, que si fuéramos una familia más grande, me daba un patatús...

A lo que iba, que no sabía si os iba a dejar receta, por eso no comenté nada en mi última entrada. En realidad la receta ya la tenía hecha, pero no todo lo demás y si me descuido no llega la mermelada a las fotos de lo buena que está. Es completamente adictiva, un no parar de meter la cuchara en el frasco, será por el chocolate, que engancha, pero bueno, también tiene mucha fruta, así que perdonaremos el pecadillo...

A pesar de haberse secado uno de los ciruelos y ser un mal año de fruta, los otros dos se han portado y han dado ciruelas para aburrir. Las mías son claudias, esas ciruelas pequeñas y de piel y carne verdes que cuando están demasiado maduras se vuelven doradas y que son extremadamente dulces. Me vuelven loca, pero por muchas que coma y reparta, sigue habiendo montones de ciruelas. Solución: mermelada, que además siempre ha sido mi favorita. Pero claro, hacerla toda igual me resultaba aburrido y me acordé de la mermelada de frambuesas y chocolate de Que no te falte un perejil y pensé que funcionaría igual de bien con ciruelas. Para darle una vuelta de tuerca y porque me encanta el chocolate especiado, le he puesto pimienta de Jamaica, esa curiosa especia dulzona con aromas de clavo de olor y nuez moscada y que no sé porqué se llama pimienta si no pica en absoluto. Más acertado es su nombre en inglés all spice (todas las especias), pues no sólo huele y sabe a clavo y a nuez moscada, sino también se supone que a canela, aunque yo no lo percibo. He de decir que el sabor de la pimienta es apenas perceptible en la mermelada, esforzándote mucho notas que tiene algo más, pero no sabes si es por el chocolate o porqué. Como la repetiré porque está deliciosa, le pondré más pimienta, a ver el resultado.

Es una receta de aprovechamiento y por tanto, mi aportación de septiembre al proyecto 1+/-100, desperdicio 0

que como ya sabéis promueve mensualmente Marisa desde su blog Thermofan y al que cada día se aportan más ideas para evitar el desperdicio de alimentos y promover el reciclaje y reutilización en general. Es un proyecto en el que estoy encantada de participar mensualmente, pero en esta ocasión más, pues sé que a Marisa le gustan mucho las mermeladas, de hecho tiene un montón en su blog, por lo que ésta se la regalo con mucho cariño. En esta ocasión, como es una entrada programada, no podré colgarla en su blog hasta que vuelva de las vacaciones, ya que me he prometido a mí misma no entrar en internet nada más que para buscar restaurantes o “como llegar” a un determinado sitio, así que tardará en aparecer en Thermofan, pero la enlazaré en cuanto pueda.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

500 gr. de ciruelas claudia, con piel y sin hueso

150 gr. de azúcar blanquilla

75 gr. de chocolate negro, 75% de cacao

2 semillas de pimienta de Jamaica (pimienta gorda, all spice)

ELABORACIÓN:

Machacar en el mortero las semillas de pimienta de Jamaica hasta obtener un polvo fino y reservar.

Trocear el chocolate y reservar.

Lavar y secar la fruta. Deshuesar, picar menuda y disponerla en un cazo de fondo grueso. Añadir el azúcar y la pimienta de Jamaica molida, mezclar y llevar al fuego.

Cocinar con el fuego al mínimo hasta que las ciruelas empiecen a soltar jugo y se deshaga el azúcar. A partir de ese momento llevar a ebullición cocinando a fuego medio y removiendo de vez en cuando, hasta que la espuma de minúsculas burbujas que se forma en la superficie desaparezca por completo. Normalmente ésto es indicativo de que la mermelada ya está hecha y su sabor habrá pasado del de fruta cocida a mermelada. El proceso puede durar unos 30 minutos, aunque eso dependerá en gran medida del punto de maduración de la fruta, el tamaño en que se haya cortado, de la intensidad del fuego y del recipiente utilizado.

Apartar el cazo del fuego y triturar la mermelada con la batidora de brazo: ligeramente si se desea encontrar trozos o por completo si se busca una textura más homogénea. Devolver el cazo al fuego y llevar de nuevo a ebullición para comprobar el espesor, teniendo en cuenta que espesará al añadir el chocolate y al enfriar. Si la fruta no estaba excesivamente blanda (eso hace que su porcentaje de agua sea mayor que si está más dura), no será necesario seguir cociendo la mermelada pues ya estará suficientemente densa. Si no fuera el caso, continuar cociendo unos minutos.

Retirar definitivamente el cazo del fuego, dejar que pierda un poco de temperatura durante unos dos minutos y agregar el chocolate picado. Esperar un minuto para que el calor residual derrita el chocolate y remover hasta integrar.

Dejar que la mermelada se enfríe antes de consumir.

A comer.

jueves, 5 de agosto de 2021

Pan semi integral con yogur, cacao y pasas, en panificadora Lidl

Una receta sencillita, que estamos en verano y apetece más hacer otras cosas que estar en la cocina: un pan en panificadora que no tiene complicación ninguna ni trabajo, que todo lo hace la máquina. Sólo hay que estar pendiente de adicionar las pasas y quitar las palas. Y ya está, con poco esfuerzo o mejor dicho, ninguno, tenemos un pan apenas dulce, con un sutil sabor a chocolate, denso y tierno a la vez, con cuerpo, para comerlo sólo o con mantequilla o mermelada, muy rico y con ese toque de las uvas pasas que tanto me gusta. Hablando de las pasas, mi idea era haber puesto 100 gr. pero cuando cogí el paquete que ya tenía empezado, sólo me quedaban 80 gr., así que fue lo que puse, pero estaría mejor con los cien gramos que tenía pensado poner, porque queda, para mi gusto, un poco corto de pasas. Así que si lo hacéis, ya sabéis, ponerle 100 gr. que estará mucho mejor.

He utilizado la mitad del peso de la harina, de harina de trigo integral, aprovechando que con el color que le da el preparado para chocolate a la taza, pasa desapercibida, que por aquí hay quien no es muy aficionado a los productos integrales. También el cacao disimula un poco su sabor, así que, si como a mí os ponen pegas a la utilización de esta harina, en este pan ni la notarán.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.

INGREDIENTES:

255 ml. de leche desnatada, a temperatura ambiente

150 gr. de yogur tipo griego con un 2% de materia grasa, a temperatura ambiente

1 tsp de sal marina fina

2 tsp de azúcar blanquilla

300 gr. de harina de trigo de todo uso

300 gr. de harina de trigo integral

80 gr. de preparado en polvo para cacao a la taza (he utilizado Lacasa)

7 gr. de levadura seca instantánea de panadería

80 gr. de uvas pasas sultanas sin pepitas

ELABORACIÓN:

Verter en un bol la leche y el yogur. Mezclar con unas varillas manuales hasta que ambos ingredientes estén perfectamente integrados y reservar.

En otro bol, tamizar juntas las harinas y el preparado para cacao a la taza, incorporando al bol el salvado de trigo que vaya quedando en el tamiz. Reservar.

Sacar la cubeta de la panificadora e introducir los ingredientes por éste orden: mezcla de leche y yogur, sal, azúcar, mezcla de harinas y cacao y levadura instantánea en polvo.

Colocar la cubeta en el interior de la panificadora. Cerrar la tapa y conectar el aparato. Seleccionar el programa 4 (dulce), peso 1 kgr. y tueste bajo.

Cuando la máquina emita los tonos de aviso para incorporar ingredientes adicionales a la mitad del segundo amasado, sin sacar la cubeta incorporar las pasas, cerrar la amasadora y dejar que continúe con el programa.

Cuando la panificadora emita los tonos de aviso en la segunda fermentación, sacar la cubeta y con las manos húmedas quitar las palas amasadoras e introducir éstas inmediatamente en un bol con agua que las cubra para facilitar su posterior limpieza.

Al sacar las palas de la masa, es probable que ésta se haya dividido en dos o tres trozos, así que, con las manos todavía húmedas, sacarla a una superficie limpia y ligeramente húmeda (es una masa bastante tenaz aunque un poco pegajosa, pero se maneja bien) volver a unirlos sin manipular demasiado (sólo hay que juntar los trozos, no amasar) evitando burbujas de aire, introducir nuevamente la masa dentro de la cubeta y acomodarla. Colocar nuevamente la cubeta en la panificadora y continuar con el programa.

Una vez finalizado el programa, desconectar la panificadora, abrir la tapadera y sin sacar la cubeta de la máquina, dejar reposar el pan cinco minutos. Pasado ese tiempo, desanclar la cubeta, colocarla ligeramente oblicua por encima de los anclajes y sin sacarla de la panificadora, dejar otros cinco minutos dentro de la máquina. Sacar la cubeta y sin desmoldar el pan, colocarla encima de una rejilla durante otros 10 minutos. Finalmente, desmoldar y dejar enfriar por completo sobre la rejilla lejos de corrientes de aire. De esta forma, al enfriarse despacio, se arrugará menos la superficie del pan, endureciéndose ligeramente la corteza, lo suficiente para que al darle la vuelta no se aplaste y pierda su bonita panza.

No dejar el pan dentro de la cubeta más tiempo del que se indica, pues el calor residual va a formar humedad que no interesa que absorba la corteza del pan.

Una vez frío, introducirlo en una bolsa de plástico para que se conserve tierno por más tiempo.

A comer.

sábado, 1 de mayo de 2021

Lingote de arroz a la naranja con sopa de chocolate y plátano, en Monsieur Cuisine Plus (MC+)

Mi blog se siente un poquito abandonado, lo sé, pero he tenido un mes de abril complicado, sobre todo la segunda quincena y la vida no me ha dado para más. Lo malo es que me temo que mayo va a ir por el mismo camino y los primeros días creo que no voy a poder mantener mi ritmo de publicaciones. Así que no os extrañéis si no actualizado, pero no os olvidéis de mí, porque aunque no venga por aquí os añoro mucho y estoy deseando volver a la normalidad y leer vuestros comentarios y por supuesto, contestarlos, porque me encanta cocinar (lo de la fotografía no lo llevo tan bien y eso que me gusta la fotografía en general, pero nunca pensé que se me iba a atragantar la de alimentos) pero lo que más feliz me hace son vuestras palabras y es lo que, muchas veces, me anima a seguir con el blog.

Recordaréis que para el cumpleaños bloguero de Marisa preparé una Crema de arroz a la naranja con turrón de Jijona, uno de los postres más ricos y sencillos que he preparado. Pues bien, la primera crema que hice no resultó con la textura que buscaba, así que modifiqué ligeramente la receta y esa vez sí obtuve el resultado deseado.

Ahora bien, ¿iba a tirar la primera crema de naranja? Antes muerta. Así que, bien tapadita, al frigorífico hasta que se me ocurriera algo. Unos cuatro o cinco días después, ahora no lo recuerdo con exactitud, seguía sin saber muy bien cómo emplearla; ya se me había ocurrido lo de los lingotes vista la textura que adquirió con el reposo, pero me faltaba “rematar” el postre. Solución: templar la crema a fuego muy bajo para que se ablandara ligeramente, distribuirla entre los moldes (he utilizado uno para barritas energéticas), dejar que se enfriara y al congelador bien tapada para que no absorbiera olores extraños.

Al cabo de un par de días llegó la solución en forma de plátano super maduro con amenaza de irse solito a la basura y trozo de chocolate con leche de uno que compré de cobertura especial para fundir, hiper dulce y que no me gustó nada, que ya llevaba un tiempo dando vueltas por la despensa: salsa de chocolate y plátano. Brutal. De verdad. No es porque yo lo diga, pero los lingotes de naranja forman una pareja perfecta con la salsa de chocolate. Tenéis que probarlo, sí o sí, bueno, salvo que no os guste algún ingrediente, en ese caso estáis disculpad@s.

La textura de los lingotes, aunque con cuerpo, es blanda, notándose en el paladar los trocitos de arroz, pues no se deshacen del todo con la cocción. A mí me recuerda a la tapioca, tanto en la textura como a la vista, que no al paladar. La de la crema es líquida, compensando a la perfección la densidad de los lingotes.

El contraste entre los lingotes fríos y la sopa templada favorece mucho al postre. Los comimos también con los lingotes y la crema a temperatura ambiente y nos nos gustaron tanto. Por cierto, que en las fotos no sé si se aprecia que los lingotes estaban aún un poco congelados, pero se me iba la luz y no podía esperar a que se descongelaran para hacer las fotos.

Dado que en esta receta aproveché una crema “fallida”, un plátano excesivamente maduro y un resto de chocolate, es también mi aportación del mes de mayo al proyecto 1+/-100, desperdicio 0,

que promueve Marisa en su blog Thermofan para concienciar sobre la necesidad de reducir el desperdicio y fomentar la reutilización.

Para terminar, una propuesta para la salsa sobrante de chocolate y plátano: picad en dados pequeños unas fresas un poquito ácidas, disponedlas en vasos de cristal estrechos y altos y añadid por encima un poco de salsa de chocolate, procurando que la misma se deslice voluptuosamente entre las fresas y el cristal... Ale, ya podéis dejar de salivar.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.

INGREDIENTES:

* Para 4 raciones

* Para los lingotes:

70 gr. de arroz redondo de Valencia (D.O.P.)

320 ml. de zumo natural de naranjas de Valencia (I.G.P. Cítricos Valencianos) a temperatura ambiente

1/8 tsp de cardamomo molido

5 ml. de edulcorante líquido (he utilizado Cologran)

* Para la sopa de chocolate y plátano:

60 gr. de chocolate con leche de cobertura

160 gr. de plátano muy maduro (peso sin piel)

60 gr. de leche desnatada

ELABORACIÓN:

* De los lingotes:

Introducir en el vaso del robot Monsieur Cuisine Plus (MC+) el zumo de naranja natural a temperatura ambiente, el cardamomo molido sin que caiga nada en las cuchillas y por último el arroz. No es necesario poner en las cuchillas el accesorio batidor. Colocar la tapadera, cerrar, poner el medidor y programar 35 minutos, velocidad 1, marcha atrás, 90º C. Un minuto antes de que finalice el programa y sin parar la máquina, añadir el edulcorante líquido.

Cuando el MC+ acabe, dejar que el arroz repose 5 minutos. Posteriormente, programar 45 segundos, velocidad 8, sin temperatura. Bajar los restos y remover. Tiene que quedar una crema con texturanligeramente granulada.

Verter la crema (salen unos 250 ml.) en ocho moldes rectangulares pequeños de 30 ml. cada uno o en un molde cuadrado de paredes bajas formando una capa de unos dos centímetros de alto. Alisar la superficie de la crema, tapar a piel con papel film y dejar que se enfríe a temperatura ambiente. Llevar al congelador hasta el día siguiente.

* De la sopa de chocolate y plátano:

Pelar el plátano y machacar con un tenedor hasta reducirlo a puré.

Introducir el chocolate troceado en el accesorio picador de la batidora de brazo o en un procesador de alimentos y picar hasta que quede reducido a polvo. Quitar las cuchillas.

Llevar la leche a punto de ebullición. Apartar del fuego, dejar enfriar diez segundos y verter sobre el chocolate, tapar y dejar reposar dos minutos. Mezclar con una lengua de silicona hasta que se deshaga el chocolate, añadir el plátano machacado, remover y colar con un colador de malla fina. Introducir en un recipiente, dejar que se enfríe a temperatura ambiente y llevar al frigorífico hasta el día siguiente para que se asiente y tome sabor.

* Del emplatado:

Sacar la sopa de chocolate de la nevera y dejar que se atempere.

Sacar del congelador el molde con la crema, esperar unos quince minutos y desmoldar. Si la crema no saliera con facilidad, introducir brevemente el molde en agua caliente. En el caso de haber utilizado un sólo molde, cortar ocho porciones alargadas con la ayuda de un cuchillo afilado introducido en agua muy caliente, sin secar y limpiándolo entre cada corte.

Poner un poquito de la sopa de chocolate en el fondo de los platos para evitar que se peguen los lingotes. Disponer dos en cada plato y dejar que se descongelen.

Entibiar brevemente la sopa en el microondas a baja temperatura, repartir unas cucharadas en los platos (sobrará) y servir inmediatamente.

A comer.

sábado, 20 de febrero de 2021

Guiso de jabalí con chocolate negro y café

Pasamos de una receta popular a otra bastante menos. De un cerdo doméstico a uno salvaje. De sabores suaves y familiares a otros más rotundos y menos habituales. Pero no por ello se trata de una receta que no haya que probar si se tiene acceso a carne de jabalí. Es, como todos los guisos de caza, una receta con personalidad, con sabores fuertes y bien definidos, que pide a gritos ser acompañada con un buen tinto crianza o mejor aún, reserva y con una salsa irresistible que te obliga a untar pan sin parar. Es, en definitiva, uno de esos platos que hay que compartir con más comensales y digerir en una larga sobremesa en la compañía de personas con las que nos sintamos a gusto, de esas típicas en las que se habla de lo divino y de lo humano y se arregla el mundo, rodeados de tazas de café, chupitos y restos del postre.

¿Se nota el café? Creo que no, pero su adicción refuerza el sabor del chocolate. ¿Se nota éste? Sí y además al utilizar uno 100% cacao se nota su amargor, por lo que si no gusta el chocolate amargo, mejor utilizar uno con un 80% de cacao. Aunque el reposo del guiso hace, no sólo que la carne adquiera más sabor, sino que la salsa se suavice perdiendo un poco del amargor que tiene recién terminado el plato.

Importantísimo recalentar el plato a fuego muy suave, pues de lo contrario se quemará el chocolate y dará sabor a quemado a la salsa.

La receta está adaptada de Köket.se y espero que os guste.

Venga, manos limpias, cuchillo afilado y a cocinar.

INGREDIENTES:

600 gr. de carne de jabalí (cabecero de lomo, en este caso) cortado en dados grandes

125 gr. de cebolleta, incluyendo casi todo el tallo verde, cortada en aros de 0'5-1 cm.

85 gr. de zanahoria pelada, cortada en rodajas de 1 cm. de grosor

1 tbs de salsa de tomate espesa

1 tsp de Bovril (u otro concentrado de carne)

1 tsp de apio deshidratado

1 tsp de café instantáneo en polvo

20 gr. de chocolate negro 100% cacao, rallado

1'5 tbs de maizena

500 ml. de agua caliente

AOVE

sal

pimienta negra molida

* Y además:

una fuente de borosilicato de 2'5 litros de capacidad, con tapa

ELABORACIÓN:

Precalentar el horno a 160º C con calor sólo por abajo.

Sazonar los dados de carne con sal y generosa pimienta negra molida y dorar a fuego medio y por tandas en una sartén honda y grande con un fondo de aceite de oliva virgen extra. Ir sacando los trozos y acomodarlos en la fuente de borosilicato. Reservar.

En la misma sartén, dorar a fuego medio la cebolla junto con la zanahoria, removiendo. Cuando la primera empiece a tomar color, añadir la salsa de tomate, rehogar un minuto y apartar del fuego.

Verter el contenido de la sartén en la fuente de la carne. Agregar el apio deshidratado y el Bovril disuelto en un poco del agua caliente. Añadir el resto del agua a la sartén donde se frió la cebolla para recuperar los jugos y volcar en la fuente de la carne. Colocar la tapadera e introducir en el horno en la segunda posición empezando por abajo.

Hornear una hora y media o hasta que la carne esté tierna.

Sacar la fuente de horno. Colar la carne y las verduras y disponer el caldo en la misma sartén utilizada al principio.

Poner el chocolate en una taza y el café en otra. Añadir a cada taza un poco del caldo caliente. Dejar que el chocolate se deshaga un minuto y remover para terminar de deshacerlo. Disolver el café. Reservar.

Disolver la maizena en un poco de agua fría y añadir a la sartén. Llevar a ebullición para comprobar el punto de espesor de la salsa, corrigiendo el mismo añadiendo más agua o maizena disuelta en agua, según el caso y al gusto. Verter el contenido de las tazas reservadas en la sartén donde está el caldo, rectificar de sal y pimienta, agregar la carne y las verduras, cocer el conjunto a fuego suave dos minutos para unificar sabores y retirar del fuego.

Dejar que repose hasta el día siguiente.

Calentar a fuego suave para no quemar el chocolate y servir.

A comer.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Pan de cacao a la taza, en panificadora Lidl

Tengo un mueble bajo en la despensa dedicado única y exclusivamente a ingredientes para repostería, léase, chocolates, mermeladas, levaduras, frutos secos, preparados para natillas y flanes, azúcares varios, gelatinas y otros ingredientes del mismo estilo. Está el pobre hasta los topes y cada vez que necesito algo que está al fondo, me tengo que arrodillar y sacar bastante de lo de delante para llegar a lo que quiero y luego procurar colocarlo en el mismo orden que estaba pues las cosas casi encajan como si fueran un puzzle y en cuanto algo no está en su sitio, ya no hay forma de acomodar nada. A veces, por no buscar un ingrediente, cambio la receta que tenía en mente (seguro que ésto le suena a alguien).

El inconveniente de tenerlo todo tan saturado sumado a la pereza ocasional de revolver, conlleva que en alguna ocasión se me haya quedado olvidado al fondo del armario algún ingrediente. Bueno, olvidado no, pues sé todo lo que tengo, pero sí relegado al día que tenga ganas de sacar media balda para llegar al ingrediente en cuestión. El caso es que hace algunas semanas decidí que ya era hora de sacar el paquete de cacao en polvo a la taza que tenía en un rincón del mueble, pues temía que si no estaba caducado, cerca le andaba. Y así era, por lo que me tuve que poner a pensar en qué utilizar los 68 gr. que tenía el paquete y recordé que llevaba un tiempo queriendo hacer un pan con cacao. ¿Funcionaría con ese tipo de cacao? Seguro que estaría más rico con cacao desgrasado en polvo, pero el que tenía que usar era el otro. Bueno, me dije, los componentes son cacao, maizena y azúcar, no puede quedar mal y no me equivoqué. Resultó un pan altísimo, esponjoso, blandito y con un suave sabor a cacao. Peeerooo...., al darle la vuelta a la cubeta, se me espachurró ligeramente por arriba, tan blandito es. Así que lo repetí dejándolo enfriar como indico en la receta, de tal manera que la superficie se secó un poco evitando que se estropeara al desmoldarlo. Es el pan que veis en las fotos, suave, tierno y tan rico, que personalmente no le he puesto ni mermeladas ni mantequillas para comerlo.

Como este pan surgió por la necesidad de aprovechar un cacao a punto de caducar, es mi propuesta de noviembre para el proyecto 1+/-100, desperdicio 0

que Marisa promueve todos los meses desde su blog Thermofan y en con el que nos anima a evitar el despilfarro de alimentos y a fomentar la reutilización. Pinchad en el icono de la barra lateral si queréis ver los recopilatorios mensuales del proyecto.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.

INGREDIENTES:

400 ml. de leche desnatada templada

120 gr. de margarina vegetal a temperatura ambiente

60 gr. de miel

5 gr. de sal fina

35 gr. de leche en polvo desnatada

68 gr. de preparado de cacao en polvo a la taza

330 gr. de harina de trigo de todo uso

330 gr. de harina de trigo de fuerza

12 gr. de levadura fresca de panadero

ELABORACIÓN:

Sacar la cubeta de la panificadora e introducir, por este orden: el leche templada, la margarina cortada en cubitos, la miel y la sal.

Mezclar en un bol la leche en polvo, el cacao a la taza en polvo y las harinas. Tamizar y añadir a la cubeta. Por último, incorporar la levadura desmenuzada.

Colocar la cubeta en el interior de la panificadora. Cerrar la tapa y conectar el aparato.

Seleccionar el programa 4 (dulce), peso 1.250 gr. y tueste bajo.

Cuando la máquina emita los tonos de aviso en la segunda fermentación, sacar la cubeta y con las manos húmedas quitar las palas amasadoras e introducir éstas inmediatamente en un bol con agua que las cubra para facilitar su posterior limpieza.

Con las manos húmedas, acomodar la masa para evitar las burbujas de aire que se puedan haber introducido en la misma al quitar las palas. Colocar nuevamente la cubeta en la panificadora y dejar que la máquina continúe con el programa.

Una vez finalizado el programa, desconectar la panificadora, abrir la tapadera y sin sacar la cubeta de la máquina, dejar reposar el pan cinco minutos. Pasado ese tiempo, desanclar la cubeta, colocarla ligeramente oblicua por encima de los anclajes y sin sacarla de la panificadora, dejar otros diez minutos dentro de la máquina. Sacar la cubeta y sin desmoldar el pan, colocarla encima de una rejilla durante otros veinte minutos. Finalmente, desmoldar y dejar enfriar por completo sobre la rejilla lejos de corrientes de aire. De esta forma, al enfriarse despacio, se arrugará menos la superficie del pan, endureciéndose ligeramente la corteza, lo suficiente para que al darle la vuelta no se aplaste y pierda su bonita panza.

Una vez frío, introducirlo en una bolsa de plástico para que se conserve tierno por más tiempo.

A comer.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Muffins doble chocolate


Estos muffins densos y chocolatosos, adaptados del libro Pasteles, pastas, galletas, merengues, tartas, panes dulces y salados, son sólo aptos para adictos al chocolate y desde luego para quienes que no contamos las calorías, porque son una auténtica bomba. Menos mal que no son muy grandes y al ser individuales, no se cae en la tentación de cortar un trozo un poquito más grande de lo conveniente, como pasaría con un bizcocho. Claro, esto siempre que sólo comamos uno, que si comemos dos ya la hemos liado.

No crecen mucho, pese a la cantidad de impulsor que llevan y tienden a secarse muy rápidamente, así que aconsejo meterlos en una lata en cuanto se enfríen. Esto tiene dos ventajas: al estar juntos y dentro de un recipiente hermético, conservan su humedad natural durante más tiempo y al no estar a la vista, es más fácil no caer en la tentación de coger uno. Y es que si os gusta el chocolate, están de muerte, sobre todo cuando aún están un poquito calientes porque te encuentras las gotas de chocolate medio deshechas. Puro vicio.

Apuntad en la lista de la compra los ingredientes que no tengáis, los hacéis y luego me contáis. Seguro que os encantan.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:


* Para 18 unidades, todos los ingredientes a temperatura ambiente:

225 gr. de harina de trigo de todo uso

50 gr. de cacao puro desgrasado en polvo

13 gr. de impulsor químico (tipo Royal)

1 pizca de sal fina

150 gr. de azúcar blanquilla fino

100 gr. de gotas de chocolate negro

100 gr. de queso fresco batido (tipo quark) con 0% de materia grasa

150 ml. de leche desnatada

90 ml. de aceite de girasol

2 huevos tamaño L


* Y además:

1-2 bandejas de hornear para magdalenas

cestillos de papel para magdalenas de 5 cm. de base


ELABORACIÓN:

NOTA: Los tiempos, temperaturas, fuentes de calor y posición de la bandeja en el horno que se indican, son los que funcionan en mi horno. Como no hay dos hornos iguales (ni siquiera siendo de la misma marca y modelo), cada cual deberá adaptar la forma de cocción a su horno, aunque probablemente las correcciones habrán de ser mínimas.

Preparar una o dos bandejas de hornear con 18 cestillos de papel y reservar.

Precalentar el horno a 200º C con calor arriba y abajo.

Tamizar juntos en un cuenco grande la harina, el cacao, el impulsor y la sal. Añadir el azúcar y los chips de chocolate y homogeneizar hasta que no queden rastros de harina o azúcar en la mezcla. Hacer un hueco en el centro y reservar.

Cascar los huevos y disponerlos en el vaso de la batidora de brazo. Añadir el queso fresco, la leche y el aceite y batir con la batidora hasta conseguir una mezcla fina y homogénea. Verter su contenido en el hueco practicado en el cuenco de los ingredientes secos y dejar reposar 5 minutos para que se vayan humedeciendo. De esta forma luego habrá que remover menos la mezcla, ya que hacerlo en exceso perjudica la textura final de los muffins.

Mezclar cuidadosamente con la ayuda de una lengua de cocina de abajo a arriba justo hasta que dejen de verse los ingredientes secos, cercionándose de que no quedan restos de ellos en el fondo del cuenco. Dejar reposar la masa 10 minutos.

Distribuir la masa en los cestillos preparados e introducir en el horno, colocando la rejilla en la zona intermedia del mismo. Hornear 15 minutos a 200º C con calor sólo por abajo. Comprobar el punto de cocción pinchando con una brocheta el centro de uno de ellos. Si no saliera seca, hornear dos minutos más. Es preferible que el interior quede ligeramente tierno a sobrecocerlos.

Sacar del horno y desmoldar inmediatamente. Disponerlos en una rejilla hasta que se enfríen.

Disfrutarlos sin cargo de conciencia.

A comer.

miércoles, 15 de julio de 2020

Cuatro cuartos con mermelada y chocolate


El golosón de mi pareja me ha hecho la ola con este pastel. Y es que a él, que todos los postres que hago le parecen ricos pero siempre poco dulces, éste, con la mermelada y el chocolate, le ha encantado. Vamos, que me ha dicho “por fin un dulce-dulce”. Así que lo he hecho tan feliz con un simple bizcocho cuatro cuartos, un básico clásico de la gastronomía, que con el relleno y la cobertura se convierte en un pastel de fiesta con el que siempre se queda bien.

A pesar de ser un bizcocho básico, que parece que todo el mundo tendría que hacer igual, se encuentran diversas recetas para su elaboración: algunas baten huevos y azúcar y luego incorporan la margarina o mantequilla y la harina, en ese orden o al revés y otras baten huevos y mantequilla y luego incorporar azúcar y harina, las hay que separan los huevos en claras y yemas y otras que los utilizan enteros, unas llevan impulsor químico y otras no y por último, se incorporan o no aromatizantes según qué receta. O sea, que como suele decirse, para gustos los colores. A mí me parece que la forma que utilizo yo es la más sencilla y para este pastel no añadí aromatizantes porque quería un sabor neutro ni impulsor, pues al batir tanto los huevos me parece innecesario para un bizcocho de este tamaño. Cosa distinta es que se quiera hacer un bizcocho con muchos huevos (alguna vez he preparado un bizcocho similar con diez huevos) y entonces ahí sí, viene muy bien la ayuda del impulsor químico pues es inevitable que el batido de huevos pierda aire al integrar tanto peso de margarina y harina.

Ya sé que ahora da mucha pereza encender el horno, pero también planchar y si aprovechamos el fresco de la mañana para la plancha, ¿porqué no también para encender el horno? Además la plancha no plancha sola (por desgracia) pero el horno sí hornea solo, con lo que no tenemos que estar encima de él, salvo maniáticas como yo que lo miramos cada diez minutos...

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:


* Para el bizcocho:


4 huevos a temperatura ambiente

el peso de los huevos sin cáscara, de harina

el peso de los huevos sin cáscara, de azúcar

el peso de los huevos sin cáscara, de margarina vegetal


* Para la cobertura:


175 gr. de mermelada de arándanos rojos

165 gr. de chocolate de cobertura con un 56% de cacao

100 gr. de nata con un 18% de materia grasa (de la de cocinar)

granillo de colores para decorar (optativo)


* Y además:


una batidora planetaria con accesorio batidor o unas varillas eléctricas

papel sulfurizado

un molde de plum cake de 27 cm. de largo por 11 cm. de ancho (medidas de la base) y 8 cm. de alto o un molde de 1'650 litros, mínimo, de capacidad



ELABORACIÓN:


NOTA: Los tiempos, temperaturas, fuentes de calor y posición de la bandeja en el horno que se indican, son los que funcionan en mi horno. Como no hay dos hornos iguales (ni siquiera siendo de la misma marca y modelo), cada cual deberá adaptar la forma de cocción a su horno, aunque probablemente las correcciones habrán de ser mínimas.

* Del bizcocho:

Humedecer el molde con agua y forrar el interior con papel sulfurizado. Humedecer también éste, una vez colocado, para que resulte más fácil acomodarlo al molde. Reservar.

Precalentar el horno a 200º C, con calor arriba y abajo.

Cascar los huevos en el bol de la amasadora o en un cuenco amplio (si se utilizan varillas eléctricas) y pesarlos.

Pesar el mismo peso de margarina. Ponerla en un cazo y calentar a fuego muy bajo para que se licue. Retirar del fuego cuando aún quede algo de margarina semi sólida (terminará de derretirse con el calor residual) y dejar enfriar a temperatura ambiente. Reservar.

Pesar el mismo peso de harina y tamizar. Reservar.

Pesar el mismo peso de azúcar y añadirlo a los huevos.

Colocar el cuenco en su posición en la amasadora, poner el accesorio batidor y batir a velocidad alta hasta que la mezcla blanquee, duplique su volumen y alcance el punto de cinta (*) o bien batir con las varillas eléctricas hasta que la mezcla de huevos y azúcar alcance el punto requerido.

Agregar de una sola vez la margarina e integrar someramente con una espátula, con movimientos suaves y envolventes, de abajo hacia arriba, para que la mezcla de huevos no pierda volumen.

Incorporar la harina de dos o tres veces e integrarla de la misma manera.

Verter la mezcla en el molde, bajar la temperatura del horno a 180º C y poner el calor sólo por abajo, colocar la rejilla en la segunda posición empezando por abajo e introducir el molde en el horno.

Hornear 40 minutos. Comprobar el punto de cocción pinchando el centro del bizcocho con una brocheta: debe salir seca. Si no fuera así, prologar la cocción otros cinco minutos y volver a comprobarla antes de finalizar el horneado.

Sacar el bizcocho del horno. Desmoldar inmediatamente con la ayuda del papel y con cuidado de no quemarse y colocar boca abajo en una rejilla. Quitar con delicadeza el papel sulfurizado y dejar que el bizcocho se enfríe completamente.

Una vez el bizcocho esté bien frío (yo lo suelo envolver en papel film y lo dejo hasta el día siguiente para que esté bien asentado), cortar en dos a lo largo.

Templar ligeramente la mermelada en el microondas para hacerla más fluida y extenderla uniformemente sobre la plancha de bizcocho que se va a utilizar de base, que será la parte del bizcocho que al hornear era la de arriba, y por el lado del corte. Colocar encima la otra parte de bizcocho, con el corte sobre la mermelada, presionar ligeramente para nivelar el relleno y llevar al frigorífico en lo que se prepara la cobertura, así la mermelada volverá a adquirir solidez y evitará que la parte superior del bizcocho se mueva.

* De la cobertura:

Picar el chocolate a cuchillo o con un procesador de alimentos o rallar con un rallador, dejándolo lo más fino posible para que sea más fácil de fundir. Reservar.

Disponer la nata en un cacito y llevarla al fuego. Calentar a fuego medio removiendo de vez en cuando y retirar del fuego justo antes de que rompa a hervir. Volcar inmediatamente sobre el chocolate, dejar unos segundos y remover posteriormente con una lengua de cocina hasta que el chocolate se funda completamente. Hay que trabajar deprisa para evitar la que cobertura se enfríe y pierda fluidez.

Sacar el bizcocho del frigorífico, colocar cobre una rejilla con un plato grande debajo y cubrir de forma uniforme con la cobertura. Alisar someramente la parte superior procurado dejar una capa de cobertura un poco gordita y alisar igualmente los laterales dejando una capa fina de chocolate.

Antes de que la cobertura de enfríe del todo, distribuir por encima el granillo de colores para que quede pegado pero no se funda con el calor.

Dejar enfriar por completo y servir.

A comer.

(*) A SABER:

El punto de cinta es aquél que alcanza el batido cuando al levantar las varillas y caer la mezcla, ésta cae d forma fluida, lisa y continua, formando un dibujo que tarda en desaparecer unos segundos. También recibe el nombre de punto de letra.




domingo, 5 de abril de 2020

Bonet (puding de cacao y amaretti). Receta de Italia.


Aprovechando la disponibilidad de horas libres que nos brinda la situación actual, estoy dando un repaso a las recetas que tengo apuntadas en “pendientes” en formato papel y me he dado cuenta de varias cosas: que estoy buscando la receta perfecta de las tortas de anís tipo Inés Rosales y de la coca de llanda, a tenor de la cantidad de recetas que tengo apuntadas de estos dos postres, que soy una golosa empedernida pues las recetas dulces ganan por goleada a las saladas, que casi no tengo ningún plato de cuchara ni con verduras (prácticamente proscritos en mi casa) y que tengo muy pocos de pescado, aunque esto último por una cuestión práctica, pues casi siempre cocino de un día para otro y el pescado “reposado”, pierde mucho. Lo de los platos de cuchara y de verduras no tiene solución, pues salvo algún plato muy concreto, son ingredientes que sólo como yo y si los hago sólo para mí, pues la verdad que no me complico en cuando a su elaboración. Lo del pescado tiene mejor solución, sólo me tengo que acostumbrar a cocinarlo más el fin de semana y en cuanto al dulce... pues qué queréis que os diga, que de vez en cuando hay que darle una alegría al cuerpo aunque, sinceramente, mis caderas están más que contentas, pero a estas alturas, ya me trae al fresco.

Y repasando apuntes encontré esta receta de bonet de Lola en la Cocina. El bonet, un puding hecho con galletas amaretti, es un postre italiano típico de la región del Piamonte. Muy sencillo y rápido en su elaboración, la única dificultad puede ser el encontrar los amaretti, que para quien no lo sepa, son unas galletitas secas (también las hay blandas) elaboradas con almendras, azúcar y clara de huevo y, aquí es lo que las caracteriza, con hueso de albaricoque, es de suponer que no con la parte de la madera (menuda obviedad), sino con la semilla de su interior que es amarga, siendo éste el sabor que caracteriza y distingue a los amaretti de otras galletitas. Por cierto, que si no las habéis probado, os aconsejo que lo hagáis pues están riquísimas, aunque tienen mucho peligro, pues se comen sin sentir de ligeras que son.

Total, que me tropecé con la receta y justo un par de días antes había estado en Lidl con los amaretti de la mano y no los cogí. ¡Vaya, qué casualidad! Pues ya tenía que hacerlos, sí o sí. Y de repente, estado de alarma que te crió, hala, se acabó eso de ir al super hoy a por un paquete de harina y mañana a por uno de azúcar. Además con la locura de los primeros días, como que yo pasaba del tema. En cualquier caso, confiaba en que los siguieran teniendo aunque hubieran pasado varias semanas del especial de Italia, pues aquí hay determinados productos que se venden poco y tardan mucho en retirarlos de las estanterías. Y cual fue mi suerte que la semana pasada, cuando fui a comprar, allí estaban, unos poquitos paquetes que casi parecían estar esperándome, así que cogí un par de ellos y me vine tan contenta para casa.

¿Y qué os digo del bonet? Que está bueno, la verdad. El sabor del ron es muy pronunciado y el de los amaretti bastante sutil. Diferente. He seguido la receta de Lola, aumentando un poco el azúcar y haciendo la mitad de la cantidad que ella indica. Si encontráis amaretti, os recomiendo que la hagáis.

Un consejo: embadurnad bien con caramelo el fondo y las paredes de los moldes. Yo no lo hice y he tenido más de un disgusto al desmoldarlos.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



INGREDIENTES:


*Para diez flaneras pequeñas de 80 ml. de capacidad. Volumen total de la mezcla: 600 ml., aprox.


100 gr. de azúcar blanquilla

3 huevos tamaño L a temperatura ambiente

1'5 tbs.  de cacao amargo en polvo

300 ml. de leche desnatada templada

50 gr. de amaretti

15 ml. de ron Havana Club 7 años u otro ron oscuro añejo


Para el caramelo:

90 gr. de azúcar blanquilla

30 ml. de agua

6-7 gotas de zumo de limón



ELABORACIÓN:


Disponer la leche templada en una jarra grande y añadir los amaretti enteros. Dejar que se vayan ablandando y preparar mientras el caramelo.

Poner en un cazo el azúcar del caramelo, el agua y el zumo de limón y llevar a ebullición a fuego medio-alto. No mover el cazo hasta que se haya disuelto todo el azúcar. Cocer hasta formar un caramelo rubio claro y distribuirlo entre las flaneras, cubriendo el fondo y los laterales de éstas. Manipular con cuidado pues el caramelo alcanza temperaturas muy altas. Trabajar deprisa, pues el caramelo endurece rápido aunque el zumo de limón hace que este proceso se ralentice un poco. Precalentar el horno a 200º centígrados con calor arriba y abajo. Poner agua a hervir en un cazo para preparar un baño María.

En la jarra donde está la leche, agregar el resto de ingredientes: azúcar, huevos, cacao y ron. Batir con la batidora de brazo evitando introducir aire y hasta conseguir una mezcla homogénea y muy líquida. Distribuirla entre las flaneras y colocar éstas dentro de una bandeja de paredes altas que pueda ir al horno.

Bajar la temperatura del horno a 170º C y poner el calor sólo por abajo.

Colocar la rejilla del horno en la segunda posición empezando por abajo y en ella la fuente con las flaneras. Añadir cuidadosamente a ésta el agua del cazo, que tendrá que estar hirviendo, de tal manera que cubra unos 2 centímetros de los moldes.

Cerrar la puerta del horno y hornear 30 minutos. Pinchar una de las flaneras con una aguja o brocheta para comprobar si están cocidas, teniendo en cuenta que seguirán cuajando con el calor residual.

Sacar la bandeja del horno y colocar las flaneras sobre una rejilla para que se enfríen. Una vez estén a temperatura ambiente, tapar con film alimentario y llevar al frigorífico hasta que estén completamente frías y se asienten, seis horas por lo menos o mejor toda la noche.

Sacar del frigorífico media hora antes de consumir para que se atemperen. Desmoldar a un plato y servir.

A comer.




martes, 10 de marzo de 2020

Vasitos de chocolate y quark de café, en Monsieur Cuisiene Plus (MC+)





¡Cuánto tiempo sin traer un dulce por aquí! Y no será porque no haya cocinado ninguno, que con lo golosos que somos en casa, no ha sido el caso, pero o bien el postre en cuestión no quedó muy allá estéticamente o no sobrevivió hasta el día siguiente sin que alguien le metiera mano. Y es que como cocino por la tarde-noche, resulta difícil no tocar el dulce hasta el día siguiente para que le pueda hacer las fotos, así que hasta que los días no sean más largos, me temo que bizcochos y tartas van a brillar por su ausencia. ¡Uy, qué pena, sólo voy a poder hacer postres en porciones o individuales! Cáchis... Pues nada, me sacrificaré, todo sea por la causa.


Y de uno de esos sacrificios, unido a ganas de algo de chocolate, nacieron estos vasitos de chocolate y queso quark de café, suaves, con cuerpo, moderadamente dulces y adictivos. ¿Saben a café? No, pues el sabor a café del queso quark no es muy pronunciado, pero sí refuerza el de el chocolate. El quark lleva azúcar, por lo que para mí es suficiente junto con la que le añado, aunque no es precisamente lo que opina mi pareja, pero ya se sabe que cada paladar percibe de distinta forma los sabores.


La nata es completamente opcional, personalmente pienso que es prescindible, pero queda muy bien en las fotos. Yo no le pongo pues la nata montada no me hace mucha gracia.


Receta facilona donde las haya, pues se tarda más en leerla que en hacerla.


Venga, a lavarse las manos y a cocinar.




INGREDIENTES:


* Para 8 vasitos de 140 ml. de capacidad


* Todos los ingredientes a temperatura ambiente


200 gr. de chocolate negro para fundir, con un 56% de cacao mínimo


180 gr. de queso quark con café


700 ml d leche desnatada


30 gr. de azúcar moreno


12 gr. de preparado en polvo para hacer cuajada


ELABORACIÓN:


Picar groseramente el chocolate e introducirlo en el vaso del MC+. Tapar y accionar la tecla “turbo” varias veces durante unos segundos cada vez, hasta que el chocolate quede completamente pulverizado, lo que dependerá del tamaño de los trozos en que se haya partido el chocolate y de su dureza.


Destapar el vaso y agregar el azúcar moreno y el preparado de cuajada. Cerrar y dar un golpe de turbo para que se mezclen los ingredientes y evitar que se formen grumos al contacto del queso con el preparado de cuajada.


Abrir nuevamete el vaso y añadir el queso quark con café y la leche. Colocar la tapadera y programar 8 minutos a 100º C, velocidad 3.


En cuanto pare la máquina, distribuir el contenido del vaso en los recipientes elegidos. Tapar enseguida con papel film o de aluminio para evitar que se forme una capa seca y dura en la superficie y dejar que se enfríen hasta que se pongan a temperatura ambiente. En ese momento, introducir en el frigorífico al menos 6 horas para que terminen de cuajar o mejor de un día para otro.


Consumir fríos y si se desea, con un poco de nata montada.


A comer.

























domingo, 1 de diciembre de 2019

Copas de crema de chocolate al Cointreau


Una de mis muchas manías consiste en no mezclar dos productos alimenticios de distintos fabricantes, es decir, que si tengo un resto de arroz de marca X no lo mezclo con arroz de marca Y. Es una bobada, lo sé, porque si el resto es pequeño no se nota la diferencia respecto del alimento cuya proporción es mayor, pero es que ya me ha pasado de mezclar dos marcas de macarrones de diferentes fabricantes y después notarse pues no habían cocido igual. Esa diferencia suele ser mayor cuanto más elaborado es el alimento, pero aún así, si puedo evitarlo, no hago esas mezclas, por lo que suelo comprar casi siempre las mismas marcas.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que a veces no vuelvo a encontrar el mismo producto y mi despensa se ya llenando poco a poco de restitos que por si solos no valen para nada. Eso no quiere decir que los tire, noooo, ni mucho menos, pero en ocasiones se pasan bastante tiempo dando vueltas por ahí hasta que les encuentro avío.

Así que en una de esas que me dije “bueno, guapa, ya va siendo hora de que te quites de en medio algunas sobras, así que estrújate la mollera un poco”, me puse a revolver y salió un paquetito con un trozo de chocolate de cobertura (44 gr. para ser más exactos) y le dije “llegó tu hora, a ver qué hago contigo”. Ese día estaba inspirada y me acordé que tenía en el frigorífico un resto de leche condensada desnatada casera mareado ya de tantas vueltas que daba por la nevera y enseguida me vino a la mente una idea para utilizar ambas cosas y así nacieron estas copas. Ricas, casi viciosas (si gusta la mezcla chocolate-Cointreau) y sólo aptas para adultos. No salieron nada más que las dos que se ven en las fotos, pero es que era muy poca cantidad de ingredientes.

Y como es una receta de aprovechamiento, pues se va lógicamente a 1+/-100, desperdicio 0



el espacio que Marisa, de Thermofan. pone amablemente cada mes a nuestra disposición para que presentemos recetas elaboradas para evitar el desperdicio en general y en particular el de comida.

Me quedó un resto de preparado para cuajada. A ver en qué lo empleo ahora...

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.



INGREDIENTES:

45 gr. de chocolate de cobertura (56% de cacao mínimo)

40 gr. de leche condensada desnatada casera o industrial

6 gr. de preparado en polvo para cuajada

200 ml. de leche desnatada a temperatura ambiente

25 ml. de Cointreau u otro licor de naranja



ELABORACIÓN:

Rallar con un rallador fino el chocolate. Reservar.

Apartar en una taza 60 ml. de leche. Calentar en un cazo los 140 ml. restantes junto con la leche condensada hasta que alcance el hervor, apartar el cazo del fuego y añadir el chocolate rallado. Dejar reposar un minuto, remover y volver a poner al fuego, incorporar el Cointreau y llevar a ebullición, removiendo con unas varillas de vez en cuando.

Mientras, disolver en una taza la cuajada en la leche reservada. Cuando la mezcla del cazo empiece a hervir, apartar del fuego y agregar la cuajada disuelta a través de un colador por si hubieran quedado grumos. Devolver el cazo al fuego y calentar removiendo hasta que hierva. En el momento en que arranque el hervor, apartar del fuego y remover enérgica y constantemente con unas varillas hasta que la mezcla se temple (de esta forma la cuajada espesa la mezcla sin solidificarla). Distribuir en dos copas, tapar a piel con papel film, dejar enfriar del todo e introducir en el frigorífico unas tres horas para que coja cuerpo.

A comer.






domingo, 10 de noviembre de 2019

Bizcocho de avellanas, almendras y chocolate negro


Llueve. ¡Por fin!. Vale, en algunas zonas de España ya os sale el agua por las orejas, lo sé, pero es que en esta cada vez más árida meseta castellana, la lluvia se está convirtiendo en algo anecdótico. No sé si será por el cambio climático o porqué, pero el tiempo ya no es como el que había cuando yo era cría. Entonces, los inviernos aunque secos, eran mucho más fríos, con más heladas y más nieblas, las primaveras, tardías, frescas y lluviosas daban paso a veranos calurosos en los que eran frecuentes las tormentas y la mayoría de las noches se podía salir “a la fresca”, porque salvo algunas pocas muy cálidas, eran en general eso, frescas y antes de que te pudieras dar cuenta había pasado de puntillas el corto otoño, con sus días cálidos y sus días frescos, con algunas lluvias tan bien venidas para la sementera y esa disminución de las horas de luz que anunciaba la llegada de otro crudo invierno. Pero ahora... los inviernos son tremendamente más cálidos, con heladas puntuales, nieblas escasas y más secos que antes, las primaveras son más largas y secas, los veranos mucho más calurosos de día y de noche y sin tormentas y los otoños duran más, llueve menos y las temperaturas son más altas. La naturaleza está “descolocada”, algunos de mis perales vuelven a florecer en otoño, a estas alturas del año sigue habiendo mosquitos (enormes, por cierto) y mariposas nocturnas, aún tengo pimientos en la huerta y muchos días apenas pongo la calefacción. No sigo porque os aburro.

Decía que llovía, lo cual es una muy buena excusa para prepararse un cafecito y acompañarlo con un trocito de este rico bizcocho, que si tenéis todos los ingredientes, os aconsejo que lo hagáis para la merienda de esta tarde. Está adaptado del libro “Bizcochos fáciles” de la editorial RBA y se vende con una conocida revista de cocina. El original no lleva almendras, pero no tenía suficientes avellanas, ni tampoco chocolate pero tenía una tableta empezada y para evitar tentaciones propiciadas por el aburrimiento, se la añadí al bizcocho, que ese no me lo como yo sola, pero el chocolate sí y me estoy poniendo demasiado “buena”, como dicen por aquí los mayores.

Venga, a lavarse las manos y a cocinar.


INGREDIENTES:

80 gr. de avellanas crudas peladas

50 gr. de almendras crudas peladas

175 gr. de azúcar moreno

90 gr. de aceite de girasol

4 huevos talla L a temperatura ambiente

220 ml. de leche desnatada a temperatura ambiente

250 gr. de harina de todo uso

10 gr. de impulsor químico

60 gr. de chocolate negro con un 85% de cacao

mantequilla y harina para el molde
 

Y además:

un molde redondo desmontable de 24 cm. de diámetro

papel sulfurizado para el molde



ELABORACION:

NOTA: Los tiempos, temperaturas, fuentes de calor y posición de la bandeja en el horno que se indican, son los que funcionan en mi horno. Como no hay dos hornos iguales (ni siquiera siendo de la misma marca y modelo), cada cual deberá adaptar la forma de cocción a su horno, aunque probablemente las correcciones habrán de ser mínimas.

Precalentar el horno a 170º C con calor arriba y abajo.

Disponer en una bandeja y en una sola capa, las avellanas y las almendras y hornear durante 15 minutos, situando la bandeja en la mitad del horno. Quedan poco tostadas, así que, si gustan los frutos secos más tostados, continuar el horneado de cinco en cinco minutos, comprobando cada vez para evitar que se quemen y amarguen.

Sacar del horno y extender en una superficie fría. Una vez completamente fríos, frotar con un paño, si se desea, para desprender la piel de las avellanas (yo no lo hago); la de las almendras no se soltará.

Con un procesador de alimentos, molinillo, rallador u otro utensilio al efecto, rallar los frutos secos hasta que queden como harina. No importa si queda algún trozo grueso. Reservar.

Picar a cuchillo y groseramente el chocolate y reservar.

Tamizar juntas harina e impulsor químico. Reservar.

Volver a precalentar el horno, esta vez a 200º C con calor arriba y abajo.

Enmantequillar las paredes y la base del molde. Forrar la base con papel sulfurizado y enmantequillar éste. Si el molde tiende a pegarse, forrar también las paredes con papel sulfurizado y enmantequillarlo igualmente; si no es el caso, enharinar las paredes del molde, sacudiendo y eliminando el exceso de harina. Reservar.

Disponer en un bol amplio el aceite y el azúcar y batir con las varillas eléctricas a velocidad alta hasta que la mezcla blanquee (después de diez minutos yo no lo conseguí). Incorporar los huevos ligeramente batidos y de uno en uno, no añadiendo el siguiente hasta que el anterior se haya integrado por completo, batiendo con las varillas a velocidad alta. Agregar la leche y mezclar a baja velocidad. Añadir la mezcla de harina e impulsor en cuatro o cinco veces, mezclando con la espátula hasta integrarla por completo.

Comprobar que la mezcla no tiene ningún grumo. Si fuera así, darle unos golpes de batidora introduciendo aire a la vez que se bate.

Añadir los frutos secos rallados y mezclar. Agregar el chocolate y volver a mezclar.

Volcar la mezcla en el molde e introducirlo en el horno, con la rejilla colocada en la tercera posición empezando por abajo. Hornear a 180º C con calor sólo por abajo durante 50 minutos. A los 45 minutos de horneado, comprobar la cocción pinchando el centro del bizcocho con una aguja o brocheta, continuando la cocción si no saliera seca y comprobando cada cinco minutos.

Sacar el molde del horno y colocarlo encima de una rejilla para que se enfríe. Quitar con cuidado el aro del molde a los diez minutos y veinte minutos después, la base, dejando el papel de horno hasta que el bizcocho se enfríe por completo encima de la rejilla.

Eliminar el papel, colocar el bizcocho en la fuente de presentación y disfrutar.

A comer.